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¿Qué pasará por la mente de un tránsfuga?

Por: Redacción 07/07/2015

En los últimos años se ha presentado un fenómeno que, aunque no es nuevo, los medios de comunicación, y así lo traslada a la sociedad, le están dando una importancia política mayor de la que merece.

Existe una migración de un partido a otro con tal facilidad que se le ha satanizado y denominado en son de burla como transfuguismo político sin profundizarse sobre las razones de ese proceder; lo cierto es que la Convención Americana sobre Derechos Humanos (pacto de San José) firmado en San José, Costa Rica, del 7 al 22 de noviembre de 1969, Artículo 16, Libertad de Asociación, acatado por Panamá, de acuerdo con el Art. 4 de la Constitución política, expresa lo siguiente:

Artículo 16. Libertad de Asociación

1. Todas las personas tienen derecho a asociarse libremente con fines ideológicos, religiosos, políticos, económicos, laborales, sociales, culturales, deportivos o de cualquiera otra índole.

2. El ejercicio de tal derecho solo puede estar sujeto a las restricciones previstas por la ley que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de la seguridad nacional, de la seguridad o del orden público, o para proteger la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de los demás.

3. Lo dispuesto en este artículo no impide la imposición de restricciones legales, y aun la privación del ejercicio del derecho de asociación, a los miembros de las fuerzas armadas y de la policía.

Pareciera que existe una antinomia entre el art. 4 y el art. 151 de la Constitución Nacional.

¿No pide el panameño a los diputados que voten en conciencia en temas que les son particularmente de su interés, aunque sea en detrimento de sus partidos? Sin embargo, califica como una falta de lealtad hacia el partido, que ayudó a salir electo a quien etiquetó como tránsfuga, y de poca consistencia mental en ese aspecto, además lo ve como una falta de principios, falta de ideología, de mal- agradecido y después de endilgarles otras tantas faltas, le agrega el de poca vergüenza personal. Pregunto: ¿Cómo se puede pedir libertad de conciencia y al mismo tiempo disciplina partidaria? ¿No son antagónicos esos dos conceptos? ¿No nos convertimos los ciudadanos en cómplices de ese proceder?

Si cada diputado actúa con libertad de conciencia, como se pide, cada vez que así le parece, daña las estrategias que el partido se haya trazado y seguramente lo llevará a la derrota, y quizás hasta su desaparición.

¿Qué induce a un político a tomar una decisión tan dura y difícil, con la cual seguramente será estigmatizado y que marcará su vida política, a tener que cambiar de partido luego de haber militado por muchos años en su colectivo, y de haber sido electo? ¿Qué lleva a cientos, o miles de personas a dar ese salto? En el caso de los diputados ¿será la codicia, la extorsión, el miedo?

Lo que hace cambiar de partido político es el de sentirse incómodo en un lugar en donde no tiene cabida, en donde no se le quiere, se le margina hasta el hecho de ser ignorado; por objeción de conciencia debida a directrices impartidas, con las cuales está fuertemente en desacuerdo y que considera que son dañinas y no correctas; el derecho que se tiene a la libertad, a la libre circulación, a la libertad de asociación, al libre albedrío, el derecho a darse cuenta de que podía haber estado equivocado y el derecho a cambiar de opinión. Todos los críticos exigen para sí mismos estos derechos, empero se los niegan y se burlan de los políticos que se cambian. Durante la instalación de la Asamblea Nacional escuché los hueros y fantasiosos discursos de los diputados sobre las razones de súbitos cambios de opinión, todos eran balbucientes y ninguno coherente y creíble porque siempre anteponían como sujeto de amor al país, y creo que definitivamente lo han empeorado en cuanto al cinismo, quiero decir, ya no les importa hacerlo tan obvio que repugnan.

Es una cuestión de ética. Piense el lector, ¿cuál sería su actitud si es maltratado moralmente en su colectivo, cualquiera al que pertenezca? ¿Cuál debe ser la ética a utilizar para juzgar a alguien que toma una decisión tan dura y difícil como esa? ¿Con qué derecho se puede juzgar esa actitud?

Quien se cambia de partido o de ideología se convierte en mofa, y el estigma que pagan los desleales es perder la confianza que se le hubiera podido tener y seguramente será apartado de cualquier decisión importante que pudiera darse en su nuevo colectivo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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