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¿Qué podemos esperar de la cumbre del clima?

Por: Redacción 13/12/2015

La preocupación mundial por los cambios drásticos del clima de la tierra y sus efectos adversos tanto para los seres humanos como para el ambiente, fue el motivo para que se aprobara la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tiene como objetivo la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático.

A pesar de los avances que representó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para motivar a los países a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, se requería de un instrumento que vinculara a las partes de la convención a cumplir efectivamente los compromisos de reducción de las emisiones. Y sobre todo que se pudiera verificar el cumplimiento de lo acordado.

El Protocolo de Kioto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el único instrumento que establece los mecanismos vinculantes para controlar el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La conferencia de las partes, en su calidad de órgano supremo de la convención, previendo la necesidad de que se aprobara un acuerdo que fuera la continuación del Protocolo de Kioto, se impuso el objetivo de acordar la prórroga del mismo. Y para ello se escogió la conferencia de las partes que se realizó en Bali, Indonesia, en el año 2007, en la que se aprobó la Hoja de Ruta de Bali y un plan de acción para llegar a un futuro climático seguro.

Después de la conferencia de Bali se han realizado sucesivas conferencias: la (COP15) en Copenhague, Dinamarca; la (COP16) en Cancún, México; la (COP17) en Durban, Sudáfrica; la (COP18) en Doha, Catar; la (COP19) en Varsovia, Polonia y la (COP20) en Lima, Perú, sin que hasta la fecha se haya logrado un acuerdo verdaderamente vinculante que sirva para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles que no pongan en peligro la supervivencia del hombre sobre la tierra.

La Cumbre de Copenhague fue calificada de fracaso por numerosos Gobiernos participantes, así como por los colectivos ecologistas, ya que no se alcanzaron acuerdos vinculantes. La postura de Estados Unidos y de China, las dos naciones del mundo que más producen CO2, cerró cualquier posibilidad de un acuerdo vinculante. Y en la Cumbre de Durban, desde el principio se descartó cualquier posibilidad de lograr un acuerdo climático global definitivo. El resultado más significativo fue el establecimiento de una hoja de ruta para un nuevo acuerdo climático global que comprometa a todos los grandes emisores. El acuerdo global debe ser adoptado en 2015 y entrar en vigor en 2020, pero se postergó la discusión sobre si será vinculante.

En Doha, el debate se centró sobre la cuestión fundamental y espinosa de "la igualdad", es decir, la repartición de los esfuerzos entre países del Norte y Sur para frenar el calentamiento. Estos últimos insisten sobre la "responsabilidad histórica" de los primeros en el calentamiento del planeta, y en el hecho de que ellos tienen, a su vez, "derecho al desarrollo". La Cumbre de Varsovia fue una continuación de la anterior; su objetivo inicial era el de acercar posiciones para un acuerdo en 2015 que permita reducir las emisiones contaminantes. Por último, la Cumbre de Lima representó un avance hacia un acuerdo climático que involucre a todos los países del mundo. Sin embargo, algunos analistas sostienen que la COP20 fue un fracaso.

Para los ambientalistas, con estas conferencias se han dado importantes avances en la sensibilización sobre el problema del calentamiento global, sin embargo, han terminado en meras declaraciones. Esta realidad deja una gran expectativa en la (COP21) que debería concluir con compromisos concretos de los 195 países participantes para estabilizar el aumento de temperatura en 2 grados centígrados hacia finales de siglo.

Lo que espera la comunidad mundial de la Cumbre del Clima es "la elaboración de un 'protocolo, instrumento legal o resultado acordado con fuerza legal', que sea aplicable a todos los países". Este instrumento debería adoptarse en París a fin de asegurar su vigencia en 2020.

En general, todas las conferencias han servido para que las naciones industrializadas se comprometan a elaborar planes o estrategias de desarrollo con un bajo nivel de emisión de carbono. Igualmente, en Cancún se acordó establecer un Fondo Verde para apoyar los países en desarrollo. Sin embargo, hasta ahora no se ha cumplido con este acuerdo. Pero el nudo gordiano sigue siendo que los países que más contaminan acepten un instrumento legal vinculante.

Entonces, la pregunta que queda es: ¿Podemos esperar que estos países depongan sus intereses económicos para salvar el planeta? Esperemos que sí.

Presidente de la Fundación Guardianes del Ambiente.

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Martes 28 de julio de 2026