Quejarse no sirve, aportar es lo ideal
Pareciera que uno de los deportes nacionales es la queja olímpica. En nuestro país hay más de 3 millones de expertos en este deporte extremo, pero, en el deporte de aportar, la cantidad es mucho menor; esto no me parece bien.
Muchas veces nos quejamos de cosas que nosotros mismos hacemos: "Este tráfico es un desastre", pero te la pasas manejando por los hombros, trancando la calle a otros conductores y pasándote la luz roja; "Esta ciudad está llena de basura", y cuando desechas algo mientras estás en la calle simplemente lo tiras sin buscar por lo menos un tinaco donde colocar la basura; "No me alcanza la plata", pero para cada sorteo te gastas 10 dólares en lotería y sin contar que todos los fines de semana tienes un “arranque” con los amigos que no sale nada barato. Quejarse muchas veces no resuelve la situación, incluso a veces puede hasta empeorarla, recordemos que nosotros atraemos lo que pensamos y decimos, y si nuestras palabras son de queja y desasosiego, estamos atrayendo más situaciones difíciles y más desasosiego a nuestras vidas. Nos queda entonces el aportar para que la situación no sea tan complicada en nuestro entorno y que para los demás también sea más llevadera, y tener la actitud de buscar una solución.
Es muy cierto que hay cosas de las que nos quejamos que están fuera de nuestro control: la inflación, el clima, el congestionamiento vehicular y muchos otros son factores externos que se nos presentan y que debemos aprender a enfrentarlos; lo importante es que nuestra actitud esté llena de voluntad para solucionar.
Si tuviéramos esa voluntad de aportar para que las cosas no sean tan difíciles, estaríamos dando pequeños pasos, pero grandes avances a una convivencia más armónica para la sociedad. No importa si mi vecino hace lo indebido; si yo hago lo correcto, ese comportamiento se convertirá en ejemplo para que los otros lo traten de imitar. Si podemos: manejemos con orden en las calles, no arrojemos basura, seamos mesurados con los gastos suntuarios, acerquémonos a nuestras familias, conversemos con nuestras parejas, tratemos de quejarnos menos y aportemos más.
Hago constar que no con esto debemos ahora ser “monjas de la caridad”; de igual forma, si tienes que defender tus justos derechos, hazlo; si se comete alguna injusticia y tu protesta es válida, preséntala con respeto y pacíficamente; incluso, si se te tira un juegavivo en la calle y no te quieres dejar, tienes todo el derecho a cerrarle el paso. Te invito a que puedas aportar más a la sociedad, tu trabajo, tu familia, tu vecindario y que trates de que si tienes que quejarte sea por algo válido y justo.
Colaborador.
