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¿Quién asesinó al niño venezolano?

Por: Redacción 06/03/2015

Jugamos con fuego. Empezamos diciendo que la violencia en “defensa propia” es justa, cuando la ciencia muestra que los métodos defensivos eficientes son pacíficos y que es “moral” cuando esta es la adecuación a la naturaleza de las cosas y la violencia es lo que desvía el curso natural. Y luego ponemos las reglas morales subjetivamente y así alentamos cualquier agresión. Para el yihadismo es “justo” decapitar “infieles”, por caso.

El 24 de febrero, Kluiver Roa, un estudiante venezolano de 14 años, cayó en el pavimento de una calle de San Cristóbal con el cráneo destrozado por una bala policial. Ahora las fuerzas represivas están autorizadas a usar su fuerza letal contra protestantes y hasta transeúntes que intentan fotografiarlos. Un policía que dice haber apretado el gatillo está detenido. Pero básicamente, cumplía órdenes de un “poder” autoritario aunque “democrático”.

Pero esto no ocurre solo en Venezuela. Por mencionar dos casos, años atrás, el presidente argentino Fernando de la Rúa renunció, entre otras cosas, debido a que hubo muertos durante manifestaciones contra la inmoral confiscación de los ahorros bancarios ordenada por su ministro Domingo Cavallo. A fines de 2014, un policía dio muerte a un joven afrodescendiente en San Luis y se produjeron protestas en más de 170 ciudades de EE.UU.

El poder destructivo de la “autoridad” basada en el monopolio de la violencia es inmenso. Mientras naturalmente abunda el trabajo -faltan viviendas, hospitales, escuelas, etc.-, hay desocupados. Decíamos que aquello que desvía el curso natural es la violencia. Efectivamente, son las leyes laborales impuestas por el gobierno las que producen algo tan antinatural como la desocupación. Por caso, las leyes del salario mínimo crean desempleo, ya que nadie puede contratar personas con sueldos que superan lo necesario para que la empresa funcione.

Pero la “autoridad” coactiva no solo destruye el empleo, sino que provoca el hambre, ya que la naturaleza provee de alimentos para todos. Si hasta la ONU asegura que “a escala mundial, la tierra, el suelo y el agua existentes son suficientes… de manera que sea factible la producción necesaria”. Alrededor de 1,300 millones de toneladas de alimentos, el 30% de la producción mundial, suficiente para alimentar a 2,000 millones de personas, se pierde o desperdicia, según la FAO, cuando en el mundo hay 805 millones de personas que pasan hambre.

Estamos lejos de la meta de “hambre cero” de los Objetivos del Milenio, cuyo plazo vence a finales de 2015. La falta de alimentación ocurre, por ejemplo, porque los precios máximos que coaccionan algunos gobiernos provoca que muchos agricultores no levanten la cosecha o los impuestos desalientan la comercialización y distribución. Así, en este mundo donde reina “autoridad” coactiva, justificada en la “justa violencia” cuyo monopolio se atribuye para “defender a la sociedad y las personas”, se destruye el empleo y se crea miseria, luego aumentan los marginados, los terroristas y crecen las protestas que “justifican” la represión que puede llegar a matar niños o extremos peores.

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Viernes 31 de julio de 2026

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