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¿Quién es el amigo de verdad?

Por: Redacción 02/04/2016

Me abruman mis deudas y mis fracasos, monseñor. No usé bien mi cabeza y me metí en varios negocios, y cuando uno fallaba, tenía yo dinero de otra empresa que ayudaba a levantar aquella. No pensé que la economía iba a ponerse tan mala. Seguí invirtiendo y trabajando duro. Mi esposa y mi madre me decían que tuviera cuidado. No hice caso. Tenía unos amigos que me animaban a continuar y ellos aportaban un pequeño capital y estaban a sueldo en la empresa más grande y siempre sacaban sus dividendos al final del año. Yo aportaba el 70 por ciento del dinero y nos iba más o menos bien al principio. Comencé a agrandar mi casa, y compré dos carros nuevos. Empezamos a viajar en las vacaciones de los niños y no me daba cuenta de que se estaba derrumbando todo, o más bien, no quise darme cuenta.

Ellos, mis amigos, me decían que no me preocupara. Que todo se iba a solucionar. Pedí un gran préstamo al banco y revitalicé las empresas y todo se normalizó, o era lo que me parecía a mí. Hasta que me di cuenta de que los ingresos no aumentaban, que eran mucho menos que los egresos, y en las cuatro empresas vino la crisis. Mis amigos retiraron su capital, dejaron la empresa grande y me dejaron solo. Por más que los he llamado, nadie responde, o cuando lo hacen, es con evasivas y prometen reunirse conmigo y no lo hacen.

Legalmente he querido actuar, pero mis abogados dicen que no puedo hacer nada contra ellos por la clase de contrato que firmamos. Cerré dos empresas. Estoy vendiendo otra.

Curiosamente, apareció un amigo de infancia, con quien siempre me he llevado bien, pero que desde hace 10 años no veía porque se mudó a otra ciudad. Enterado de todo, ha empezado a ayudarme con consejos financieros y con dinero. Ha puesto plata en la empresa grande y con muchos sacrificios, lamentablemente despidiendo empleados, pagando todas sus prestaciones, estamos intentando salvarla. Mi casa la estoy vendiendo, así pagaré parte de mis deudas. Nos vamos a un apartamento con mi esposa e hijos. Y le confieso que Dios, desde hace muchos años, desapareció de mi vida, pero nunca he robado a nadie.

Respuesta

Estimado señor: por no planificar bien, por empezar a gastar el dinero sin control, por no estar encima de las empresas y ver todo de manera objetiva, analizando fríamente las cuentas, por no ser realista y por dejarse llevar por amigos de ocasión, de esos que aparecen cuando uno está bien y que se van, huyen, cuando la crisis aparece, está usted como está.

Veo que dejó su relación con Dios, y le aclaro que él no lo va a hacer rico, pero si uno está conectado al Divino Señor, al Rey de Reyes, al que ilumina siempre, uno entonces analiza todo con serenidad, se hace austero en su forma de vivir, da los pasos con seguridad y el don de discernimiento nos hará ver quiénes son los lobos con piel de oveja, que aparecen solo para exprimirlo a uno.

Por lo tanto, lo primero que le digo, únase al Señor, congréguese en una comunidad cristiana, viva la Palabra y la eucaristía, llénese de Dios y con la fortaleza que viene de lo alto, usted podrá enfrentarse a todo. Ajústese a un presupuesto realista, no gaste más de lo que tenga de ingreso, hable con su familia y que todos comprendan el problema y aliados, vivan de la manera más austera posible y a levantarse de nuevo.

No todo está perdido. Tiene la experiencia de haber llevado cuatro empresas, relaciones con otros empresarios y comerciantes, y ese gran amigo que apareció cuando más lo necesitaba.

Ya sabe usted que es en los momentos de prueba, en las dificultades y situaciones difíciles, cuando uno ve quiénes son los auténticos amigos y quiénes son los de ocasión, los falsos amigos, los que cuando uno está bien allí están, aprovechándose de uno, pero desaparecen cuando ya no les conviene estar con uno. Y tiene a su familia, que puede cooperar bastante gastando lo menos posible, manteniendo esa austeridad necesaria para sobrevivir. Si vende su casa y un auto y eso ayuda a pagar deudas, eso está bien.

El asunto está en que el consumismo nos aturde. Que creemos que la clave de la vida es solamente ganar dinero. Y nos olvidamos de vivir, de gozar de Dios, de la familia, de la naturaleza y de hacer el bien. Haga un alto en el camino, comience de nuevo teniendo a Dios en su corazón, con quien es invencible.

Monseñor

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Viernes 24 de julio de 2026