¿A quién le pertenece la Universidad?
Don Octavio Méndez Pereira, primer Rector de la Universidad, supo plasmar la misión de la Universidad en el acto inaugural de la misma, el 7 de octubre de 1935: "Los panameños sabemos que debemos tener nuestro lugar en la acción científica y educadora de la vida superior universitaria, por el cultivo en los ciudadanos del amor puro de la verdad, el tesón de la labor cotidiana por encontrarla, la persuasión de que el interés de la ciencia y el interés de la Patria deben sumarse al alma de cada uno de nosotros”. La Universidad se encuentra sometida a un silencio solapado y despiadado por quienes se creen dueños de algo que no les pertenece, los cuales desean que esta siga siendo manejada como un botín político que nos llevara más temprano que tarde a consecuencias impredecibles en la misma. Los últimos quince años, sus autoridades la han distanciado aún más de “la Universidad cultural, de pensamiento crítico y libre, sin claustros cerrados, ni divisiones” que predicaba Don Octavio Méndez Pereira, para hacer de ella “un centro burocrático, lleno de prebendas, chantajes y persecuciones”.
Pero por qué la necesidad de esta administración de perder el patrimonio de nuestra Universidad, con las ventas del terreno de Tocumen que muy valioso hubiese sido para la Facultad de Agropecuaria, el terreno en la Arenosa al igual que el terreno en Farallón, tener que centralizar el Centro de Lenguas despojándoselo a la Facultad de Humanidades, aislar a los estudiantes de Veterinaria de su clínica, la cual ellos necesitan para poder desarrollarse en su área, ¿A quién le pertenece la Universidad?
Son muchos los sectores de nuestra sociedad que viven de espaldas a la Universidad y cuyo actuar los ha llevado a aceptar ‘la decadencia académica’ que se ha perpetrado en nuestra primera casa de estudios, durante estos últimos años. La democratización de la Universidad y la búsqueda de la excelencia académica, se han ido de vacaciones para darle lugar a una institución amorfa y colapsada que atraviesa crisis tras crisis sin encontrar su destino. Debemos todos preocuparnos para que nuestra Universidad regrese al lugar que un día ocupó, donde sus patrimonios se han valorados, donde el acceso al estudiantado no se le sea cerrado, donde se conjuguen las ideas, las críticas constructivas, búsqueda de identidad y carácter humanístico. Se hace necesario que los universitarios retomemos la mano del Maestro para así forjar la Universidad que la sociedad panameña necesita y recordarles a los que hoy se encuentran en la administración que la Universidad no les pertenece a ellos, sino al pueblo panameño. Lo sucedido en el referéndum constituye una oportunidad importante para comenzar a sanear la Casa de Méndez Pereira. Llegó la hora de echar a los mercaderes del templo, de erradicar de una vez por todas la mediocridad que tiene secuestrada a la Universidad y obstaculiza de una manera tan flagrante el desarrollo nacional.
