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¿Quién los entiende?


Cuando se anuncia por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que están interesados en tratar de promover un clima de paz en el país, ocurren un sin número de hechos que hablan de todo lo contrario.

El pasado 5 de marzo, el líder de la guerrilla, Timoleón Jiménez, conocido como “Timochenko”, dijo que hay que intentar romper el “círculo maldito” del conflicto en el país y se mostró dispuesto a apostar por la reconciliación.

Doce días después su grupo ataca a efectivos militares en la región de Arauca.

¿Con qué cara pueden ellos (las FARC) hablar de buscar la paz si ni siquiera cumplen con sus promesas?

¿Cómo se atreven a imponer condiciones para propiciar un diálogo, si ellos son los primeros en romper las reglas del juego?

Esto solo obliga al Gobierno a buscar los mecanismos necesarios para acabar de una vez por todas con este grupo que, por más de 45 años, se ha dedicado a secuestrar y a dejar una estela de sangre y destrucción en Colombia, que sigue tratando de salir adelante con la frente en alto.

Con estos constantes ataques contra civiles y militares, las FARC no las tiene fáciles, porque el gobierno de Juan Manuel Santos ha dejado claro que no se dejará intimidar.

Ahora la preocupación se centra en la anunciada liberación de 10 rehenes, pautada para abril próximo.

Bajo esas circunstancias a la guerrilla le toca medir sus pasos porque si esas liberaciones no se llevan a cabo y a estas personas les ocurre algo, perderán la poca credibilidad que les queda con aquellos organismos que han servido de intermediarios para que se llevaran a cabo acercamientos que permitieran la liberación de algunas personas.

Deben tener claro que, al más mínimo error, no habrá intermediario que valga para lograr la paz.