Quién nos cuida del Gobierno
Cada vez que ocurre un incidente, algunos acusan al Gobierno de no haber controlado lo suficiente, lo que sorprende, porque la evidencia apunta a que el Estado no es la solución, sino parte del problema. Y qué hablar de Maduro, que tiene sus “colectivos” que son patotas irregulares e irracionales que asesinan a ciudadanos inocentes.
Luego de angustiosos días, las familias de las 239 personas que iban en el vuelo de la estatal Malaysian Airlines escucharon el anuncio oficial de que el B-777 se estrelló en el Índico sur. Y esto gracias a la compañía británica privada Inmarsat, que dibujó dos arcos (uno al norte, hacia Asia central, y otro al sur del Índico) como posibles localizaciones utilizando una técnica basada en el efecto Doppler.
Me recuerda al DC-4 de la Fuerza Aérea Argentina, que el 3 de noviembre de 1965 desapareció luego de despegar de Panamá con nueve jóvenes oficiales y 59 cadetes, y que jamás fue encontrado. La versión oficial es que el avión se perdió en el mar, pero los familiares tampoco le creen que, transcurridos 49 años, en abril se hará en Costa Rica una nueva incursión a una zona inexplorada donde confluyen pistas y testimonios. Por el avión de Malaysia se juntaron 25 Gobiernos y su trabajo ha sido ineficiente y hasta contraproducente, y han llegado a esconder información por razones militares.
Aunque la hipótesis más razonable es la del incendio y la más disparatada la de sabotaje, muchos Gobiernos auspician la teoría del acto terrorista, porque así justifican el accionar represivo de sus fuerzas de seguridad. Cuenta Pat Gilmore, expiloto de Delta Airlines, que Mohamed Atta, el líder de los terroristas que se estrellaron contra las torres gemelas, el 26 de julio de 2001 abordó un vuelo que comandaba vistiendo un uniforme de American Airlines, con la licencia de piloto y el certificado médico del Gobierno, lo que le permitía el acceso a la cabina de mando. Gilmore sabía que Atta mentía, pero como portaba toda la documentación exigida por el Estado no pudo hacer efectiva una denuncia, que no hubiera sido creíble, ni ninguna precaución que hubiera abortado el 11-S.
En el vuelo de la estatal Malaysia Airlines, dos pasajeros iraníes volaban con pasaportes falsos, demostrando que, lejos de ser un elemento de seguridad, existe un gran negocio de documentos e identidades fraudulentas.
Por caso, la reciente captura del narcotraficante “El Chapo” Guzmán, que solo fue un gran evento propagandístico. De hecho, vivió cómodamente en México durante los últimos 13 años, obviamente, con la protección de las autoridades.