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Quien pierde sus orígenes, pierde su identidad

Por: Redacción 27/06/2014

Profesora de Filosofía e Historia con posgrado en Educación Superior.

Los abuelos no solo son una parte muy importante en la familia, sino parte de las tradiciones de toda la humanidad. La vida es como una obra de teatro en tres actos: primero somos hijos, luego padres y después abuelos, que es una bendición que Dios nos da.

RELACIONARSE LOS NIETOS CON SUS ABUELOS ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA, RICA E IRREEMPLAZABLE. SON TRANSMISORES DE VALORES POSITIVOS E HISTORIADORES FAMILIARES.

A veces, en este tercer acto, nos sentimos desplazados y casi olvidados, por ello es importante crear conciencia y sensibilizar a los niños y jóvenes para que se relacionen de manera afectiva con sus abuelos.

La palabra abuelo se deriva del latín aviolus con el mismo significado que le conocemos, pero algunos estudiosos lo asocian a la palabra abba, que significa padre, en sentido de grande. Se debe incentivar en los niños el respeto hacia todos los adultos mayores, pues deben ver a su abuelo propio en cada uno de ellos.

No hay como los abuelos para ayudarles a cuidar a los hijos; qué mejor que sangre de su sangre para encargarse de los pequeños cuando la madre y el padre no pueden hacerlo.

Relacionarse los nietos con sus abuelos es una experiencia única, rica e irremplazable. Son transmisores de valores positivos e historiadores familiares. Y es que en el fondo los abuelos son leales a sus nietos, es decir, son dignos de confianza, son de quienes puedes fiarte siempre porque jamás te harán de menos ni te abandonarán ni te traicionarán, y eso los nietos lo saben.

Es importante recordar que aunque los padres se separen, la relación de los nietos con los abuelos debe mantenerse, a pesar de todo. Este cambio no tiene que suponer una separación entre abuelos y nietos.

¿Y quiénes son los nietos? ¿Unos hijos más? No, son unos hijos duplicados. Con un nieto en los brazos, tenemos al hijo, tenemos la juventud que se nos quiso escapar un día, tenemos el amor verdadero que nada pide y todo nos da.

El papa Francisco destacó: “Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos” y que es muy importante el encuentro y diálogo intergeneracional.

Actualmente sabemos que hay familias disfuncionales; con mayor razón, los nietos deben relacionarse con sus abuelos en la transmisión de fe y amor a Dios. Ellos le representan la sabiduría, el buen consejo, y la identidad familiar. Además, pueden coadyuvar a mejorar esas relaciones familiares con su guía y ejemplo.

Hay muchas funciones que los abuelos pueden ofrecer a sus nietos, además de su amor incondicional. Pueden colaborar en la educación del nieto, los abuelos juegan un papel preponderante y casi irreemplazable en el desarrollo del niño para su compresión del mundo, son fuente constante de una medida extra de cariño, lo que representa un buen equipaje para hacer más estable el estado emocional del niño. Sirven para agrandar el horizonte del nieto enseñándole que existen otras personas, además de los padres, que también pueden hacerles agradables la vida y que también tienen conocimientos de las cosas importantes, que solo recibían de su papá y de su mamá.

ELLOS LE REPRESENTAN LA SABIDURÍA, EL BUEN CONSEJO, Y LA IDENTIDAD FAMILIAR. ADEMÁS, PUEDEN COADYUVAR A MEJORAR ESAS RELACIONES FAMILIARES CON SU GUÍA Y EJEMPLO.

Los abuelos son figuras entrañables y cariñosas a las que solemos asociar gran parte de los recuerdos de nuestra infancia.

Por ello, si somos padres, valoramos aún más su papel y procuramos fomentar su relación con nuestros hijos, aunque a veces factores como la distancia lo hagan un poco difícil. El respeto mutuo es imprescindible para su buena marcha. Los niños ven en sus abuelos una guía espiritual para toda su vida, un tesoro difícil de encontrar. Nos dice Charles Shedd: “Algunos de los mejores educadores del mundo son los abuelos”. Los nietos son la respuesta de que hemos existido en esta vida, plasmada en nuestro propio árbol genealógico, sin ellos no crecerán las nuevas ramas y sin ramas, el árbol se secará.

De ahí la importancia de conocer nuestros orígenes para no perder nuestra identidad.

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