¿A quién sancionan?
Miembro del Consejo Asesor del Center Global Prosperity, de Oakland, California
Lo cierto es que las “sanciones”, de unos gobiernos a otros, son solo eufemismos que utilizan los políticos para disimular que, en rigor, las medidas están dirigidas hacia sus propios ciudadanos. Por caso, el bloqueo contra Cuba significa que el Gobierno de EE.UU. coarta la libertad de sus ciudadanos para tener cierto tipo de relaciones comerciales con la Isla. Las “sanciones a Rusia”, por otro caso en realidad, entre otras cosas, prohíben las firmas o ciudadanos de los 28 países de la UE comprar, vender, servir de intermediario o dar asistencia, directa o indirectamente, en la emisión de instrumentos financieros de bancos rusos.
Y siempre empeoran la situación. Además de que el bloqueo estadounidense a Cuba coartó las relaciones personales, entre otras muchas cosas, dificultó mucho el desarrollo de internet, con la globalización que la red conlleva. La Isla tenía un cable submarino, precisamente con EE.UU., antes de 1959, a través del cual se realizaban las llamadas telefónicas, pero ahora no podía tener uno de fibra óptica para la conexión de internet -debiendo establecer sus comunicaciones a través de enlaces satelitales, mucho más costosos e ineficientes- siendo el único país del hemisferio occidental que no estaba conectado al resto del mundo con fibra óptica.
Así se vio obligada a aliarse con Caracas que financió un cable de más de 1,600 kilómetros entre Venezuela y Cuba.
Como respuesta a las “sanciones contra Rusia”, el Gobierno ruso anunció la veda por un año contra todas las importaciones de carne, pescado, lácteos, fruta y verdura de EE.UU., de la UE, Noruega, Canadá y Australia. Lo que no es un dato menor ya que, desde la caída de la URSS, Rusia es el mayor consumidor mundial de frutas y vegetales de la UE, el segundo mayor comprador de productos avícolas, y un importante consumidor de pescado, carne y lácteos. De hecho, ya ha afectado a países como Alemania donde ha provocado una caída en su economía, ya disminuida desde junio de este año.
Turquía y América Latina podrían ser los principales beneficiados de la veda rusa, particularmente el Mercosur que, durante su última cumbre en Venezuela, parece haberse convertido en una entidad política y caja de resonancia del Alba. Argentina y Brasil se beneficiarán con nuevas exportaciones de granos y carne al mercado ruso, aun a riesgo de sufrir algunas complicaciones por ayudar al Kremlin a evitar los efectos de sanciones económicas y tecnológicas, especialmente si se cruzan con la intermediación bancaria en las transacciones y pagos derivados de operaciones comerciales.