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Quiero aprender, ideario del primer día de clases


Néstor D. Flores (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Con el inicio del período escolar, llega a mi mente un grato recuerdo. Hace 44 años y con un entusiasmo desbordante, entre al salón de clases 09-1D de la Escuela José Dolores Carrizo P. de Ocú, provincia de Herrera, para recibir las primeras lecciones del proceso de enseñanza-aprendizaje, que impartiera la maestra Rosa Alverola de Carrasquilla. Rememoro como si hubiese sido ayer, que mi maestra de primer grado, lucía un vestido rosado de hilo con bordados blancos en trencilla de mundillo. Luego de saludarnos y darnos la bienvenida, acompañada de una sonrisa de labios, se dirigió al tablero y escribió: “Hoy es lunes 7 de abril de 1969”. Después exclamó con un espíritu de alegría “hoy se inician las clases, niños míos”; al unísono, respondimos a esas gratificantes palabras con un caluroso aplauso. Para ese entonces ya sabía leer y escribir, gracias al interés de mi mamá (Débora, mi gran maestra) y su temor por el torbellino político que se cernía sobre la educación pública a inicios de la dictadura militar.

Hoy día -a diferencia de otros tiempos- ya no se vive ese entusiasmo contagioso por el inicio del periodo escolar. Pareciera que es una actitud colectiva, que inicia en el hogar, cabalga por los pasillos con la desidia estudiantil y termina aniquilada por la pobre formación de los docentes. Le corresponde al Estado a través de las autoridades del sector educativo, promover el rescate de estos valores, iniciando con una sensibilización integral y mejor selección de los maestros y profesores. Afortunadamente el aporte económico a este compromiso estatal, ha sido evidente en los últimos años.

La superación académica es la única vía por donde los países pobres -como el nuestro- podrán salir del estancamiento e ignorancia, que los mantiene atados al yugo del subdesarrollo. La dinámica de una boyante economía como la que hoy vivimos y que refleja un crecimiento y desarrollo de un sector de nuestra sociedad, seguirá importando los cerebros y la mano de obra calificada para sostener la competitividad de las transnacionales en los grandes mercados. Atrás se quedarán los que no se preparan académicamente y/ o los que se forman a medias con planes educativos desfasados y ejecutoriados por personas alejadas del firme apostolado de enseñar. Si no actuamos pronto, seguiremos entrenando a cargadores de maletas y personal de mantenimiento para los “mall” con salarios que no cubren los servicios básicos para subsistir.

Algunos sectores de la economía predicen la escasez de mano de obra profesional en las diversas ramas que apliquen de soporte para el proyecto de país que se pretende edificar; y situarlo en el concierto de países con economías sostenibles y de contexto firme, en la ejecución de los planes de un proceso de crecimiento y desarrollo que permee a todas las capas sociales. De no ser así, dependeremos de modelos foráneos o extranjerizantes con las múltiples repercusiones, en cuando al aporte socio-cultural y la deformación de los valores, perdiendo aún más, nuestra identidad como timbre de orgullo.

De poco servirán las grandes inversiones -que se hace con el pago de nuestros impuestos- si el actor principal no pone de su parte y comprenda que la educación es un derecho humano ligado a un compromiso compartido que se resarce con la formación del hombre para servir a otros. Pretender que educar a alguien, con la mínima visión de superación, es responsabilidad del Estado es materia del pasado. En sociedades con economías emergentes de corte neoliberales, se invierte a duras penas, en capacitar el recurso humano que se demanda en el momento.

Una gran parte de nuestra niñez y juventud, se encuentra sumergida en el letargo proteccionismo de sus padres, que no exigen rendimiento en los estudios o no les prestan el tiempo necesario, por estar ocupados en otros asuntos; cuando el tema de la educación, debiera ser el primero en la agenda familiar. La evolución de esta última generación y los cambios que la tecnología ha logrado influenciar, la está llevando a una dependencia mecánica con laguna mental y, que aunado al consumo de una gran cantidad de drogas, los convierten en una carga social.

Los padres de familias tienen que continuar con el rol de educadores y no dejar esta difícil tarea a los maestros y profesores. Estos a su vez, tendrán que poner de su parte y desprenderse de todo interés personal y egoísta que hoy priva -a una mayoría de ellos- a facilitar una educación a conciencia como lo manda el sagrado apostolado para la cual fueron formados. Quiero aprender fue el ideario que llevé a mi primer día de clases, como un reto de ese nuevo amanecer. Gracias a la mística y entrega apasionada de mis maestros, lo logré, tú también puedes.

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Viernes 14 de agosto de 2026