Quiero… pero no puedo
Una frase simple, quiero… pero no puedo, engloba los sentimientos e ideas de aquellas personas que se enfrentan a las dificultades de aprendizaje. Estas personas desean lograr los objetivos establecidos por el sistema educativo, pero se ven impotentes al desconocer la forma adecuada de abordar este tema.
Por un lado tenemos al estudiante, quien pese a tener los elementos necesarios para un buen desempeño académico, no logra los objetivos, se llena de frustración y miedo, se tiende a desvalorar y menospreciarse pues por más que trata, no logra aprender, sin darse cuenta que es una lucha que no podrá ganar solo.
Los tutores, persona quien apoya al alumno dentro del hogar, también experimentan frustración al ver el esfuerzo que realiza el estudiante y no logra el aprendizaje, más aún porque se sienten incapaces de ayudar y muchas veces no saben a quién recurrir, buscan con desesperación una mano amiga, pero sin saber dónde buscar.
Los docentes, que si bien la tendencia actual es la inclusión, poco conocen del tema de dificultades de aprendizaje, y no saben qué hacer cuando encuentran un estudiante que no logra aprender, por más esfuerzo que el docente realice, por más que el estudiante trate y por más que el tutor se involucre en la escuela.
Como vemos, es una situación que ata no solo a quien la presenta, sino también a los involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Una soga puede atar y limitar la acción, pero también puede vincular y sostener a las personas, los vínculos cobran mayor importancia ante estas situaciones generando alianzas positivas.
Pero… ¿qué hacer ante una dificultad de aprendizaje? No hay una respuesta exacta, lo primero que debemos tener presente es que cada persona es un mundo y por ello sus capacidades y condiciones son únicas. No existe varita mágica ni medicamento que automáticamente cure estas condiciones.
Lidiar con dificultades de aprendizaje es un proceso, no en todas las escuelas existe un gabinete psicopedagógico o un docente especializado en educación especial, es por ello que reitero, es aquí que se deben establecer alianzas en pos del estudiante, buscar la ayuda necesaria, ya sea por parte de educación especial o psicología.
Hay un dicho: “querer es poder”, pero omite un punto importante, todo en esta vida requiere una compensación, si bien se puede sobrellevar las dificultades de aprendizaje, es necesario que tanto el estudiante, como los tutores y docentes unan fuerzas y trabajen de forma conjunta y armoniosa.
Para dar respuesta a las necesidades especiales que presentan los estudiantes con dificultades de aprendizaje hace falta más que querer, hace falta informarse, consultar con expertos y, sobre todo, verificar que se comprendan las recomendaciones del experto, para así no causar más daño por un mal entendido.
Donde “puedo” buscar información, pues en internet hay mucha información, pero no siempre es confiable, lo ideal es consultar a expertos, si en la escuela no existe el experto, acercarse a la máxima autoridad académica disponible y solicitar ayuda, o dirigirse al Centro de Salud más cercano que tenga un psicólogo en su personal.
Pero lo más importante que debemos tener presente es que una dificultad de aprendizaje no es sinónimo de incapacidad, cuando un potencial se ve eclipsado por razones internas o externas al sujeto, la flexibilidad del cerebro compensa la deficiencia con un mayor potencial en un área distinta.
No todos somos buenos para escribir, no todos somos buenos con los números, no todos somos buenos hablando, pero de algo podemos estar seguros, todos somos buenos en algo, por el bienestar del estudiante debemos recalcarle sus aspectos positivos y potenciar las cualidades que posee.
Para alivio de muchos, tengamos presente que existen múltiples formas de tener éxito en la vida y que un fracaso académico no tiene por qué impedir el crecimiento personal, aunque debemos ser realistas con nuestras situaciones y condiciones, y esto es para todos, se tenga o no una dificultad de aprendizaje.
Psicólogo