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Quinquenio esplendente

Por: Redacción 29/03/2014

Cursaba el año 1961 durante el periodo presidencial de Roberto Francisco Chiari, un grupo de miembros del Sindicato de Periodistas de Panamá presenta el proyecto de ley ante la Asamblea Legislativa, tendiente a crear la Escuela de Comunicación Social de la Universidad de Panamá.

Se funda la Escuela de Periodismo durante la Rectoría del profesor Narciso Garay, años distinguidos por manifestaciones, paros y conatos de huelgas en la casa de Méndez Pereira.

He de realizar un recuento histórico del periodo comprendido en el marco del quinquenio 1961 a 1966, época de superlativa riqueza y esplendor de la institución que iniciara sus labores con un número reducido de estudiantes y que al paso de los cinco años fue creciendo con inusitada vertiginosidad.

Su primer director fue el famoso hombre de letras, miembro de número de la Academia Panameña de la Lengua, profesor Gil Blas Tejeira. Conformaban el cuerpo de educadores, el doctor Secundino Torres Gudiño, Indalecio Rodríguez, Luis González, Mélida Sepúlveda, Carlos Rangel y Anel Véliz. Luis Espinosa, Humberto Alzamora y Erasmo Gómez, entre otros, fueron alumnos fundadores de la escuela.

Poco después entran a sus aulas con bríos insuperables, Manuel Santamaría Llamas, Griselda López, Milciades Ortiz, Octavio Carrasquilla, Boris Moreno y Alexis Torres.

Se denunciaron en este periodo un número significativo de dificultades que interferían en el libre desenvolvimiento de los alumnos, no había máquinas de escribir, tan indispensables en estas tareas, y los discípulos tenían que realizar las redacciones a mano, escasa papelería, que exigía a los estudiantes a procurarse sus propios materiales.

Al año siguiente, 1962, otro grupo entusiasta hace su entrada, son ellos, Agustín del Rosario, Hipólito Donoso, Rafael Ayala, Pablo Botello, Mayín Correa, Rafael Harris, José Tristán, José López Palma, entre otros. Ya la escuela toma forma, funciona en la planta baja del edificio de la Facultad de Humanidades, ocupa dos aulas y un pequeño salón donde quedó emplazado el Laboratorio de Revelados para las clases complementarias de fotografía periodística. Tienen una ocurrencia brillante un grupo de jóvenes emprendedores al crear el órgano informativo, el periodista, puente de enlace en el mundo de las ideas con las demás escuelas del medio universitario. Su junta directiva quedó integrada así: presidente Humberto Alzamora; Rafael Ayala, director; y subdirector Erasmo Gómez.

La Universidad asumió el costo del primer número. El año 63 acoge el claustro en sus aulas una pléyade considerable de bisoños, eternos perseguidores de las letras, aupados por el abrigo de las ambiciones del éxito en sus mentes, son ellos Manuel Barrios, Luis Quintero, Miguel Espino, Ramiro Vásquez, Belisario Rodríguez, Azis Shing Gill, Sandra Montenegro, entre otros. Así discurre la escuela que funcionaba ya como compleja maquinaria, que recibía la materia prima sin procesar, luego la entregaba al mercado espléndida, fina y acicalada.

En los albores del año 1965, conjuntos universales de noveles entrábamos al templo a beber linfas, elemento vivificador, propuestos a robarles a la selva del pensamiento el néctar suculento de las ideas, germinadas en el corazón turbulento de todas las ambiciones. Y nos agitamos en movilidad constante y bulliciosa, como las aspas del molino de viento azotadas por la fuerza cruenta del avecindado huracán.

Octavio C. Baruco, Mario Martínez Puente, Juan Barrera Salamanca, Willy Fernández, Migdalia Fuentes, Alexis Cuevas, Armando Yanes, Silvia Vacaro, Héctor Valdés y quien escribe estas líneas contribuimos a reforzar las bases de lo que es hoy la vibrante escuela de periodismo que ha cooperado enalteciendo la personalidad de la patria, nutridas de fuertes percepciones exquisitas.

Unidos de la mano recorrimos el largo periplo, impuesto por el destino en pos de la verdad que buscábamos comprender. Camadas de aguiluchos implumes, cuyas fuerzas fisiológicas, aún no habían nutrido de vigor las intenciones de sus amagos, dispuestos a vagar por horizontes ignotos y sin confines.

Hoy, ya provectos, todavía el deber nos llama, sabemos bien que falta mucho tramo aún por recorrer del difícil y complejo camino. Y así trinan mis pregones armoniosos de loas, al memorable compañero de luchas Willy Fernández que enhorabuena le ha sido extendida por el Gobierno Nacional la orden Manuel Amador Guerrero, ofrecida en el grado de Gran Oficial. Los plausibles elogios para Usted, estimado amigo, de este modo somos cobijados en manifiesto de los galardones guardados por el destino, a la hora triunfal nacida del sacrificio sublime.

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Viernes 7 de agosto de 2026