default

Quinto Centenario


/ -

Pasan los días y los meses vertiginosamente acercándonos al 25 de septiembre, la fecha histórica en la que en el año 1513 Vasco Núñez de Balboa y un grupo de españoles e indígenas llegó a la orilla del océano Pacífico, hace 500 años. Una comisión oficial presidida por la primera dama, Marta Linares de Martinelli, tiene a su cargo los preparativos de las celebraciones del magno acontecimiento. Enfrascado en la campaña electoral, Panamá da la impresión de que los actores políticos y la sociedad civil, dedicada a los avatares del día a día, no está preparado debidamente para hacer una pausa en el camino y reflexionar sobre la trascendencia nacional y mundial de los 500 años que han transcurrido desde entonces.

Lo atinado es que en esa reflexión participen los estudiantes de escuelas públicas y privadas, las universidades, los profesionales y técnicos, las instituciones cívicas, los gremios, colaborando en las tareas de la celebración programada por la comisión oficial. No podemos permitir los panameños que se convierta en un acto rutinario. Debemos ponernos a la altura del significado histórico de la fecha, organizando debates, promoviendo la participación del pueblo en el esclarecimiento de los protagonistas de la gesta, en suma, movilizando conciencias.

Debemos meditar acerca de la secuencia de hechos que permitió que nativos del Istmo guiaran amigablemente a Vasco Núñez, gobernador de Santa María la Antigua, hasta el mar que inauguró un nuevo espacio de comunicación entre las culturas americanas y las culturas europeas y asiáticas. Allí estaba el océano Pacífico desde el principio de los tiempos. Sin embargo, resultó indispensable que llegaran los expedicionarios españoles no para descubrir el mar, sino para poner en marcha la dinámica que cambió radicalmente la historia de Panamá y el mundo.

De aquel encuentro resurgió el imperativo de construir el paso que uniera las cuencas oceánicas del Atlántico y el Pacífico. El destino histórico de Panamá estaba en el Pacífico, tal como lo determinó a sangre y fuego, pero con lucidez pragmática, Pedrarias Dávila, gobernador de Castilla del Oro. Surgió el Istmo como centro del movimiento naviero, como puerto de salida de las expediciones españolas que conquistaron el imperio de los incas al sur y al norte las tierras del cacique Nicarao.

Se inició nuestro destino transitista para el trasbordo de metales preciosos y mercaderías de América a Europa, y viceversa. Mucho tiempo se pensó que las riquezas pasaban de uno a otro mar sin dejarnos valor agregado. Pero esta interpretación pesimista del transitismo ha cedido al hecho real del peso económico y social adquirido progresivamente por una nación que se estuvo preparando para obtener beneficios materiales del tránsito de naves de todas las banderas por nuestro territorio.

La historia de Panamá empezó el 25 de septiembre de 1513. 500 años después podemos debatir si la historia empezó antes o después. Podemos discutir cuál es el resultado, positivo o negativo, del transitismo. Debemos reflexionar si continuamos siendo solamente pro mundo beneficio o si parte de ese beneficio se queda en Panamá, ahora que somos un centro logístico internacionalmente respetado que hace 500 años era difícil avizorar.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026