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¿"Quo vadis", Panamá?


¿“Quo vadis”, Domine?, ¿Adónde vas, Señor; le pregunta Pedro a Jesús, cuando el primero huía de Nerón y se le aparece Jesús, quien le contesta “Mi pueblo de Roma te necesita. Si abandonas mis ovejas, yo iré a Roma para ser crucificado de nuevo.” Pedro apenado regresa a Roma y encuentra su martirio, muere crucificado cabeza abajo, en el sitio donde hoy se encuentra la Basílica de San Pedro. Este acto cambia el curso de la Historia del Catolicismo.

¿“Quo vadis”, Panamá? ¿Adónde vas Panamá? Cada día me hago esa pregunta con mayor frecuencia. Cada día crece más mi incertidumbre ante un futuro incierto. Hay ciertas realidades que dan base a mi incertidumbre y, ¿por qué no decirlo?, mi pesimismo.

Veamos dos realidades: Las poblaciones de este pueblo de América atrapados dentro de los mayores rangos de desigualdad entre ricos y pobres, buscan cambios que resuelvan esta situación. Algunos de estos pueblos manifiestan progreso en ese camino. Brasil y Chile muestran logros significativos. Otros, los más, no muestran progreso significativo, En algunos las tendencias son regresivas.

Otra realidad es que los pueblos de América en su mayoría repudian los partidos tradicionales ya que consideran que estos no han logrado resolver sus niveles de desigualdad y pobreza, y no se equivocan. Buscan nuevas alternativas. Buscan cambios. Las fórmulas de apartarse de los partidos tradicionales ocupan la gama del arco iris ideológico. Van de la derecha, como el caso Colombia, a las izquierdas carnívoras como Venezuela. Sin embargo, la tendencia de mayor auge es un giro hacia la izquierda en todas sus tonalidades.

Panamá no se escapa de esas realidades. Estamos entre las poblaciones del mundo de mayor desigualdad social y económica. Tenemos alto índice de pobreza. Sin embargo, ante el mundo financiero internacional somos un país rico en términos de Producto Interno Bruto por población. Tenemos Grado de Inversión. No obstante, esa riqueza no permea, no filtra hacia abajo, permanece suspendida entre un porcentaje exclusivo de panameños de alto nivel económico. A propósito esa situación aparte de ser fuente de conflictos sociales, como “país rico” limita de cierta manera recibir ayuda de desarrollo social de las instituciones financieras internacionales. Es irónico, necesitamos ayuda barata para desarrollo, pero nuestras cifras económicas nos clasifican como “país rico”, lo que limita acceso a dicha ayuda. Un clásico caso de “Catch 22”. Hablo con propiedad como ex Embajador de Panamá ante las organizaciones de las Naciones Unidas en Roma (FAO; IFAD y PMA). En la FAO, gracias a mi experiencia profesional, fui escogido a título personal como miembro de su Comité de Finanzas. Tampoco escapa Panamá a la otra realidad.

Hay desencanto por los políticos y partidos tradicionales. Hay ansia de cambio. Las elecciones pasadas así lo demostraron de manera contundente. El mensaje a los políticos y partidos históricos no pudo ser más claro. Inclusive en el Panameñismo, un partido histórico, sus líderes tradicionales fueron repudiados por sus votantes, quienes se inclinaron por una facción no tradicional del partido.

Las evidencias hasta la fecha indican que el ansiado cambio no se está realizando de acuerdo a las expectativas de los votantes. El grado de decepción aumenta, si creemos en las encuestas. Estamos en una encrucijada peligrosa. Me causa perplejidad que nuestro gobierno constituido por personas de notable trayectoria profesional y empresarial no dan muestras de percatarse de esta situación. No es necesario dar ejemplos. Los conflictos sociales aumentan. La población se polariza. No desaparece el sentido de inseguridad personal. Nos estamos quedando ausentes de opciones. La izquierda se organiza políticamente. ¿“Quo vadis”, Panamá?