Raymond Mizrachi: La educación, emergencia nacional
Es obligatorio que cada conciudadano, por cuestiones de fuerza mayor, haga un alto en el camino, se pase la mano por la frente, se quite el sudor, y como suelen hacerlo los campesinos cuando están agotados, se siente sobre una piedra en el camino o sobre un tronco y contemple el paisaje que tiene por delante. Que centre su mirada en el tema de la educación panameña. Contrario a lo que sucede con el campesino que, luego del reposo cobra aliento y sigue su dura jornada, machete en mano, creo que en lo que toca al sistema educativo panameño, el panorama se le presentará ensombrecido, tétrico, oscuro, sin metas ni métodos.
La situación de nuestra educación en estos días ha causado serias reflexiones, tanto en programas radiales como de la televisión, en los que se ha abordado el tema del reciente hecho de los institutores y frente a los cuales un profesor de dicho plantel purga hospitalización por quemaduras de segundo grado que le han causado graves afectaciones en el rostro, hombros, pecho y otras áreas de su anatomía. El país entero ha sido testigo de este hecho. No han faltado las críticas duras, agrias a los estudiantes y, como suele acontecer, inmediatamente los que ya hemos pasado los 40 o los 50 años de edad, recurrimos a comparar la educación del pasado con la del presente, inmediatamente recurrimos a la brecha generacional para establecer comparaciones y conclusiones que distan mucho de un análisis racional, equilibrado, crítico, de lo que realmente sucede en nuestro sistema educativo. Por otra parte, no han sido pocas las voces de particulares y de las autoridades de educación que ya hablan de severas sanciones de carácter penal para los "encapuchados", perdón, corrijo, para los estudiantes que protestaban.
En conversaciones de oficina con Raymond Mizrachi, de quien ya ustedes saben plantea la urgente necesidad de cambiar los paradigmas de la educación panameña desde una perspectiva revolucionaria que empieza a hacer lectura por la fijación clara de métodos y metas ?vías y objetivos específicos y concretos hacia dónde queremos enrumbar el sistema educativo de Panamá?, le comentaba que consideraba que no pocos educadores suelen comportarse, no como apóstoles de la educación, ejemplos vivientes de un modo ejemplar de vida, sino como reflejos claros y evidentes de la crisis y descomposición social panameña, a lo que me respondía diciendo: "No culpes al educador", él mismo es víctima de un sistema mediocre y de la propia sociedad en descomposición que tenemos". "Qué clase de docentes está mandando el sistema a la sociedad, a formar a nuestros jóvenes, y esto suele suceder en todas las ramas y en todas las profesiones, es algo que se advierte, de modo evidente, todos los días. Estamos muy mal en lo que toca a la educación". Y añadía: "Tenga presente que el problema de la educación está en la misma fábrica, no en el producto". "La fábrica ?explica? está dañada, tiene serios daños y lo peor, no han sido reparados. Llevamos más de 30 años discutiendo una reforma educativa, integral, y no sé qué sucede, nunca se produce, pero todo indica que vamos directo al colapso en la educación y al fracasar, la educación será también el colapso del país, por lo que la política debe sacar las manos de la educación".
Al cuestionarlo sobre la idea de que, de ninguna manera, podemos justificar los actos vandálicos de los estudiantes, coincidía; sin embargo, advertía que, en ese sentido, la cuestión traduce o implica, de modo ineludible, una lectura también de la familia. En este tópico me insiste mucho en que la familia panameña, cosa que todos sabemos, está en descomposición, con valores difusos, diluidos; el consumismo y el esnobismo, amén de la cultura relativa, superficial, han atosigado a nuestros jóvenes, cosa que también se ha infiltrado en las escuelas, pero añade: "El norte pareciera ser, a diario, en todos los niveles sociales, el dinero. Durante más de una década, en este país, hemos vivido alabando el crecimiento económico del país, y nos hemos quedado en ese discurso, y nadie piensa, en lo absoluto, qué es lo que hemos dejado de percibir o qué hemos perdido en esta sociedad, por lo que nuestros pasos están delimitados por un sueño etéreo, vano, del dios dinero y a los muchachos no se les enseña, en las aulas, que el dinero no es un fin en sí mismo, sino un medio, una herramienta y que cuando se dispone de valores, de una excelente educación, buena formación moral, todo el dinero viene por añadidura" ?cuestión bíblica? por cierto. El dinero se ha convertido, a toda costa, en la meta de los panameños, sin importar el método ni la ética del método.
No puede ser cierto, dice Raymodn Mizrachi, que la fábrica de la educación panameña esté huérfana de ideales, de valores, de principios. Por lo que concluye diciendo que: "La fábrica ?la escuela, la familia? determina la clase o calidad del producto".