Razón de una Segunda Vuelta Electoral
Los países de nuestro continente comparten en gran medida, formas de gobierno y sistemas diversos que tienen raíces históricas, jurídicas, institucionales, sociales y culturales con características comunes. Luego de haber experimentado periodos marcados por dictaduras militares, tal como sucedió en Panamá, en los últimos veinte años se ha restablecido la democracia y se ha regresado a la competencia electoral como la vía legítima para acceder o renovar el poder político. La figura presidencial es la institución que domina invariablemente el espacio político en los países y la elección del Presidente ocupa un lugar preponderante en la vida de los países.
Recientemente, varios países de la región, han adoptado sistemas de elección directa con umbrales fijos y también una Segunda Vuelta Electoral (SVE) con la finalidad de asegurar la mayoría en la elección presidencial. La SVE se constituye como un sistema electoral que permite maximizar la legitimidad del Presidente electo.
En un sistema de dos vueltas, si en la primera, que es idéntica a una elección de mayoría simple, ninguno de los dos candidatos más votados para Presidente alcanza la mayoría absoluta o, de acuerdo a lo establecida en la legislación nacional, no alcanza el umbral de votos necesarios para evitar la segunda vuelta, entonces se hace necesaria la SVE.
En 1979, solo dos países de la región practicaban sistemas electorales de dos vueltas. Hoy día, 18 de los 27 países la tienen establecida, con diferentes umbrales mínimos que van desde 35% hasta 50% más uno. Entre las razones principales que han promovido su adopción podemos mencionar: primero, dar una respuesta electoral que maximice la legitimidad del Presidente electo a fin de fortalecer su posición para afrontar situaciones de gobiernos divididos, y segundo, para provocar un elemento aglutinador en un modelo político con gran fragmentación de partidos políticos.
En suma, se trata de tener un modelo donde el Presidente electo obtiene una amplia legitimidad electoral. Esto debería traducirse en un mayor margen de gobernabilidad en el ejercicio del cargo y se apoyaría una mayoría gobernante.
El proceso permite además, descartar en la primera ronda a los candidatos más débiles o que están asociados a partidos fragmentados o minoritarios. Esto propicia una ronda de negociaciones entre los partidos y fuerzas políticas diversas y se realinean las estrategias, midiendo al mismo tiempo las preferencias reales del electorado frente a los diferentes partidos.
El elector tiene una segunda opción para orientar sus preferencias partidistas, ya que en la primera vuelta se vota por el partido con el cual más se identifica y en la segunda vota por el partido con las mayor probabilidad de ganar o contra el candidato que no desea lo gobierne, tomando en cuenta todos los cambios que hayan surgido en el transcurso de las dos instancias electorales.
Lo anterior se plantean como ventajas del sistema. No obstante, algunos analistas argumentan que la SVE genera una legitimidad artificial del candidato más votado, y que la gobernabilidad no se puede obtener con coaliciones frágiles y que se genera una fragmentación de los partidos políticos.
En síntesis, la SVE para la elección presidencial otorgaría al elegido un mayor liderazgo político, con efectos beneficiosos para el país por la mayor autoridad moral que obtiene para defender los principios políticos y jurídicos nacionales, con una legitimidad fortalecida que permitiría al gobernante dirigir a la nación hacia los objetivos comunes trazados. La SVE permite pasar de un sistema político-electoral, con un número reducido de partidos principales con mayorías relativas muy pequeñas, a un sistema en que el partido ganador reflejaría la voluntad electoral mayoritaria absoluta.
