Realidad norteamericana
La trayectoria política del Presidente Barack Obama parece estar en peligro cuando se perciben distintas señales en el Partido Demócrata opuestas a su posible reelección, ya tradicional en la política norteamericana.
Su período de Gobierno transitado está lleno de incumplimientos y cuestionamientos por una razón u otra. Aunque resulte temprano hacer pronósticos, no es menos cierto, que los resultados de las promesas electorales todavía están lejos, y la problemática social y económica del pueblo norteamericano no parece superarse en un período razonable.
El bipartidismo político deberá debatir internamente esta realidad, más aún, en el umbral de las elecciones en noviembre, donde se renovará la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, en cuyos resultados, al parecer, no se inclinan por ninguno de los dos Partidos.
Por otro lado, el escenario mundial está colmado de situaciones sumamente complejas y de enormes riesgos para las grandes potencias.
China cada vez más se acerca a la hegemonía industrial y comercial rompiendo todos los paradigmas impuestos por los Estados Unidos.
Gran parte de los asesores económicos de la Casa Blanca han presentado sucesivamente su renuncia, y los índices del desempleo continúan críticos; la inmigración, vital para el desarrollo de la nación se encuentra sumamente indefinida, con pésimas consecuencias de inmediato.
La intervención del Presidente Obama en la ONU, se limitó al conflicto de Israel y el Líbano, donde la diplomacia norteamericana intenta la conciliación, proponiendo el ingreso libanés a Naciones Unidas.
En el orden nacional e internacional la proyección política de Obama no se palpa innovadora o creativa, capaz de superar los obstáculos y alcanzar los resultados que requiere el país, reclamados a gritos.
Toda la atención está puesta en las semanas preelectorales, del evento saldrán las directrices definitivas de Gobierno, con el panorama que observamos, esperemos.
