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Realidad social hacia las elecciones


César Quintero Sánchez (opinion@epasa.com) / Doctor.

Estamos viviendo momentos coyunturales de extrema trascendencia. Dirigentes políticos de máxima jerarquía están siendo procesados por acusaciones judiciales generadas por fuego de amigo, hermanos, copartidarios y miembros de la misma logia. Se ha desarrollado la más amplia campaña de compra y venta de puestos elegidos por el pueblo, en un aquelarre de poder y recursos económicos jamás visto desde 1903. Al parecer, se utiliza material de video, auditivo e impreso de dominio personal y público para campañas sucias contra enemigos políticos, esto en un fuego cruzado intra y extrapartidario, que ha motivado que mi amigo Neira encuentre que en cerca del 50% del electorado, aún no ha decidido si votará y mucho menos por quién.

Las nuevas reformas electorales antes ansiadas ya no poseen la urgencia de los pasados meses. Está la falta de credibilidad que comprime en una masa ameboidal a los partidos políticos y a sus candidatos, que si traemos un extraterrestre o un ilustre desconocido de otro continente tendría posibilidades de ganar. No podemos dejar de pensar que cualquier hijo de vecino quiere ser candidato, sin ningún atisbo de introspección sobre sus méritos reales.

Si seguimos así, habrá tal grado de atomización en la cantidad de votos recibida por cada candidato, que pronto tendremos presidentes con el 10 o 15 por ciento del sufragio y recién graduados del jardín de infantes. Creo que en el fondo debemos preguntarnos qué es lo que queremos realmente para nuestro país.

Si al final los argumentos serán siempre a favor de los intereses personales, familiares y económicos de quienes nos gobiernan, para gobernar con su clan o gallada más cercana, no veo ningún problema en hacer un “reality show” ante una cadena nacional de TV, antes del día de las elecciones en las que se le diga al país con quiénes se pretende gobernar, de salir electos, de manera que podamos darnos cuenta de quiénes serán, no como siempre lo hacen un día después de salir electos, asumiendo que andamos con taparrabos y que somos discapacitados mentales.

¿Por qué será que siempre se quiere perfeccionar la elección para presidente y nadie dice nada en relación con la de alcalde, diputado o representante? ¿Y por qué no se moderniza la forma de elegir o nombrar a los gobernadores, jueces y magistrados que hacen la diferencia real en la percepción del ciudadano sobre el grado de democracia política, social y económica que vivimos ? ¿Por qué puede alguien ser hipotéticamente diputado de la nación desde 1972 y no ser reelecto presidente?

Doctor.