default

Realidades culturales

Por: Redacción 31/05/2016

Pocos autores en nuestra sociedad han sido capaces de hacer ver la realidad de nuestra realidad. A veces, no basta simplemente ser testigos inertes de lo que ocurre, cautivos de un control remoto o sentirnos como presa fácil de paupérrimos caracteres colocados en alguna plataforma social digital para darnos cuenta de que lo real puede significar tanto con tan pocos o desatinados preceptos.

A diario vemos cosas reales, aunque algunas veces nos parecen de fábula.  Luego dicen, como consuelo de tontos: "Fíjate que lo que estamos viviendo como sociedad es el reflejo de una inevitable realidad que, acostumbrada a no mirar con detenimiento, deja la pelota pasar para ver si alguna vez alguien la agarra y nos ayuda a ganar el partido".

Una realidad que no pasa de moda es sentir que las críticas no son aceptadas como constructivas, por ende, inválidas; más bien se interpretan de inmediato como un ataque político para no reconocer realmente en dónde estuvieron las fallas y qué se propone para mejorar.

Otra realidad asumida es que la realidad golpea cuando elementos exógenos interfieren con el estado de las cosas e inmediatamente se elucubran teorías de conspiración que eluden lo real de un hecho del cual nunca tuvimos control.

Hace poco leí un comentario de un científico que hizo catarsis sobre sus frustraciones al ser incapaz de levantar un planificado constructo tecnológico que se enfrenta a una realidad institucional de la mente política y financiera de quienes administran el Estado, y para colmo de males pega otro coletazo explicando que el sector cultura puede gozar peor suerte que la innovación en nuestra sociedad. Si sentimos que nos encontramos en un punto de inflexión, no da para mucho porque además no se reconoce que existe una crisis entre los tomadores de decisión.

En reuniones sociales y espacios de interacción se alude a que todo es un problema de valores, pero no hay acuerdos sobre cuáles valores, si los buenos que aparecen ahora como malos o los malos de siempre que en algunos casos pudieran ser buenos.

Por lo vivido y experimentado como ciudadano, pareciera que nuestra dermis cultural, aquella que se siente en zona de confort con la ley del menor esfuerzo, se convierte poco a poco en validadora de un estándar que no pasa pruebas ni exigencias.

Es cierto, la realidad es dinámica y cambiante, pero la dosis de cultura que nos estamos propinando como sociedad tan solo está preparando para distinguirnos menos por nuestras cualidades reales y más por las mediocridades.

Comunicador Social

Edición Impresa

Viernes 24 de julio de 2026