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¿Realmente queremos combatir la corrupción?

Por: Redacción 18/12/2014

Ingeniero y secretario de la Junta Directiva de Fundación Ipec

Soy muy pesimista en cuanto a que nuestro país pueda combatir la corrupción de manera efectiva y erradicarla. Todos los gobiernos inician con su respectiva cacería de brujas y luego de cierto tiempo, cuando se acaba la luna de miel y comienzan a aparecer los problemas relacionados con la nueva administración, todo se olvida y se inicia el nuevo ciclo. Todo se inició mal, cuando la mal llamada “Comisión de la verdad” no logró determinar nada que la mayor parte de la sociedad no supiera. Al final, la peor época de la dictadura terminó con el saldo de un solo gran responsable. El señor Manuel Antonio Noriega, otrora general de las Fuerzas de Defensa, se ha convertido en el garante de la impunidad que gozan muchos civiles, por acción u omisión, participaron de los desmanes de una época cada vez menos clara.

El nuevo periodo democrático no nos ha ayudado mucho en el combate a la corrupción. Un solo procurador general de la nación ha terminado su periodo, en claro reflejo de lo increíblemente débil de nuestra institucionalidad como país. Hay islas del Caribe con más institucionalidad que nuestro país, y eso es preocupante por donde se mire.

Este desfile de funcionarios poniendo denuncias cada vez que termina un gobierno, lo único que demuestra es que nuestro país adolece de certeza del castigo. Conozco casos de amigos que me cuentan cómo conocidos se jactan de haber logrado su estabilidad económica tanto para sí como para su siguiente generación, luego de su paso por una administración gubernamental, y lo cuentan como si nada.

Recuerdo el llamado “Club la Llave”. Una casi historia mítica sobre la cual, si no pasabas por ese grupo, las cosas no sucedían en la administración gubernamental de la época. Hoy todos recordamos al presidente Guillermo Endara con respeto y lo vemos como un constructor de la democracia, pero la hemeroteca de la Biblioteca Nacional guarda más acusaciones de corrupción en los medios, que pareciera que habláramos de tiempos y lugares diferentes.

Los siguientes gobiernos también estuvieron cuestionados al final de los mismos, pero nada sucedió. Los recuerdos de las privatizaciones y los corredores persiguen la administración Ernesto Pérez Balladares. Es el día de hoy y aún no le han devuelto la posibilidad de entrar a los Estados Unidos por la negativa de ese país a renovarle la visa de entrada. Lo sucedido en el gobierno de Mireya Moscoso en cuanto a cuestionamientos va entre lo bizarro y hasta lo increíble, como el hundimiento de un helicóptero.

EL NUEVO PERIODO DEMOCRÁTICO NO NOS HA AYUDADO MUCHO EN EL COMBATE A LA CORRUPCIÓN. UN SOLO PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN HA TERMINADO SU PERIODO, EN CLARO REFLEJO DE LO INCREÍBLEMENTE DÉBIL DE NUESTRA INSTITUCIONALIDAD COMO PAÍS.

Con el gobierno del presidente Martín Torrijos se vivió un momento de bastante claridad. Finalmente se despegó económicamente. Pero los cuestionamientos a figuras puntuales de la administración, sumado a la despiadada campaña mediática de sus opositores para señalar cuanta acción de gobierno se diera, terminaron dejando a esa administración muy cuestionada, aunque al día de hoy nadie ha podido probar nada.

Estamos viviendo un momento interesante. Situaciones inéditas en cuanto a incautaciones y arrestos, así como investigaciones, podrían dejar a la luz situaciones pasadas tanto en el sector privado como en el público que ya se comentaban en los diversos círculos de opinión del país.

Es un buen momento para separar la realidad de la ficción y, sobre todo, determinar si lo que tanto se dice es cierto. Por supuesto, que de ser así, debemos empezar a hacer del castigo a la corrupción una constante y no una excepción.

Creo que el presidente Juan Carlos Varela podría nombrar un procurador anticorrupción y blindarlo con presupuesto y autonomía para actuar, así como poner a disposición de su acción el acuerdo de gobernabilidad legislativo para modificar las leyes que sean necesarias.

Las experiencias de otros países son importantes, y si se cuenta con el apoyo de instituciones internacionales que se dedican al tema, mejor aún. Es importante recuperar la capacidad del ciudadano de poder participar de la denuncia. Pero para eso, la educación es un factor fundamental, como ya lo he escrito anteriormente.

Si esto sucediera, estaríamos ante un escenario de certeza que nos garantizará a todos, que se perseguirá en detalles cualquier caso de corrupción, independiente de la filiación política de los involucrados o los cargos que posea, así sea en esta administración, si así resultara de las investigaciones.

 

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Miércoles 5 de agosto de 2026