Rebelión en la Interamericana
Para los turistas del primer mundo y que suelen hacer escala hasta el tercero, el trópico es el confidente ideal para las hamacas, piñas coladas y el placer nocturno. Por cierto también los negocios. Se sabe: aquí la temperatura sube. Y mucho.
Ellos ven a Panamá como el paraíso por descubrir. Razón tienen. Hace unas semanas, ni más ni menos, el afamado New York Times se sumó a la revista National Geographic para catalogar a nuestro país como el principal destino turístico del año 2012.
Si a eso sumamos la estabilidad financiera producto de un Grado de Inversión, el asunto pinta a lo Dubái. Porque además ya está encumbrándose El Panamera –primer hotel Waldorf Astoria en América latina–, por fin habrá ¿corte de cinta? para el Biomuseo y el Trump Ocean Club es una realidad. La ampliación del Canal Interoceánico y el novedoso sistema de Metro Bus en la ciudad capital galopan a lo Laffit Pincay.
Sin embargo, allá donde la selva fronteriza no deja ver realidad a los de camisa floreada, bermudas y amplias billeteras, se teje una lucha que tiene en ascuas a las autoridades.
El pueblo Ngäbe-Buglé aboga por lo suyo –claman Estado Comarcal–, recurriendo al ya tradicional método de desgaste: el cierre de calles, que lleva varios días en la carretera Interamericana.
Si las demandas de los indígenas son justas o una eventual represión oficialista tiene asidero, no avala que personas inocentes queden varadas o no puedan ser atendidas; más allá de que la Federación de Cámaras de Comercio de Panamá golpeara la mesa por este prolongado tranque que ya deja pérdidas por 5 millones de dólares en el país.
Es hora de que la cúpula presidencial y algún cacique mayor limen asperezas. Si resulta posible... Recuerde: estamos en el ombligo del mundo y la cabeza internacional nos está mirando.
