¡Rechazo a la reelección!
La primera preocupación que nos asalta al meditar sobre las causas y los alcances del nefasto proyecto de reforma universitaria, mediante el cual se pretende instituir la “reelección continua” (vitalicia), del actual rector de la Universidad de Panamá, es la de considerar en sus bases el problema central de la educación panameña. La Universidad, la segunda enseñanza, la básica, el hogar, no son sino fracciones de un solo proceso; son los grados diversos en que se suele estructurar la educación del hombre. La reforma universitaria, históricamente hablando, ha surgido por la propia iniciativa del elemento estudiantil. En otras palabras, la reforma universitaria es una conquista impositiva que el estudiantado realiza por sus propios medios y para provecho de la sociedad.
El muy lejano día en que se borren de nuestras costumbres educativas esos surcos que zanjan entre la escuela básica y las demás etapas de la escuela, veremos con más claridad la grandeza de un verdadero intento reformista (la Planificación Integral de la Educación), y entenderemos mejor el porqué de la lucha, a ratos escabrosa, en que se halla comprometida nuestra juventud estudiosa. Y ahora nos conviene subrayar este concepto: la reforma universitaria es la exigencia vital de las nuevas generaciones. Pero la Universidad de Panamá, con todo su aparato directivo, administrativo y de suficiente apoyo docente, involucra un sistema de intereses y un concurso de amiguismo (de afectos políticos), a defenderse mediante la reacción de la amenaza y la persecución.
Y no es que estemos acusando de incomprensión a los defensores del statu quo: es que es muy humano el instinto de defensa y cuando un considerable número del personal administrativo y docente rechaza de plano la oferta de oposición a la “reelección continua” que procede de los estudiantes, de los medios de comunicación y de la ciudadanía, su único objeto es conservar intacto el tesoro afectivo que para ellos significa la Universidad de Panamá, regentada por el “rector magnífico” durante quince largos años.
¿Cómo es posible permitir que se dude de la gestión del “rector magnífico” que supuestamente ha dotado de extensión universitaria a todas las provincias de la República? ¿Cómo es posible admitir el descrédito de la actual administración, cuando es de sus realizaciones la modernización de la Universidad de Panamá? Conceder a los opositores la razón de este rechazo, es declarar inservible la gestión del “rector magnífico”. ¡Empero, quince largos años bastan! Los señores que hoy figuran a la cabeza de la Universidad, muy pronto pasarán a ser ignorados del pasado universitario.
¡Urge un cambio en el gobierno de nuestra Universidad! Necesitamos una nueva mentalidad (“hacia la luz”), a fin de que pueda cumplir con dignidad la altísima misión de formación profesional, de investigación científica y de difusión cultural que le están encomendadas.
