Reconocimiento a la excelencia ambiental
Todo esfuerzo y aporte encaminado a la protección y conservación del ambiente, la biodiversidad y sus diversos ecosistemas, así como la promoción a través del uso de técnicas metodológicas o rudimentarias cuales fuere, merecen el reconocimiento público en grado de héroe. Esta misión, que por su nobleza siempre tendrá detractores, se recarga de complejidades, las que a la postre hacen de la ingrata pero apasionante tarea todo un reto del altruismo conservacionista en un paraíso terrenal que cada día que pasa pierde su naturaleza y esplendor para el cual fue creado por deidad divina.
La educación ambiental lamentablemente no es materia del currículo de formación académica en casi ninguno de los niveles del proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestro sistema educativo. Esta desidia encuentra tierra fértil y se yergue con el desconocimiento de las ciencias ambientales, dejando el compromiso de proteger el único hábitat que tenemos y que dejaremos a las próximas generaciones a un grupo reducido de líderes ambientales, comprometidos con una tarea que nos corresponde a todos como inquilinos de este planeta.
El Estado promueve a través de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) un programa de estímulo y reconocimiento público a ciudadanos, instituciones, empresas, ONG ambientalistas, colegios, universidades, académicos y demás miembros de la sociedad civil que practiquen o hayan realizado acciones ejemplares en materia de manejo sostenible de los recursos naturales renovables, incluyendo el mejoramiento del ambiente y conservación de la biodiversidad biológica.
La justa ambiental cuenta con cuatro categorías a saber: “compromiso de vida ambiental”, que se otorga a la persona que haya dedicado el mayor de su tiempo a tareas de conservación, recuperación y protección de la naturaleza y el ambiente. El premio a la “excelencia pedagógica” se entregará al trabajo que procure la protección del ambiente a través de la docencia. Esta categoría va muy ligada a la formación del individuo -independientemente de su pénsum académico- por medio de la educación ambiental formal, no formal e informal.
La categoría “excelencia investigativa ambiental” reconoce el aporte individual o institucional de propuestas académicas o publicaciones que a la postre se convierten en referencia para el diseño de proyectos cuyos objetivos estén encaminados a la salvaguarda de las recursos naturales renovables, aplicando la condensación de experiencias técnicas y científicas debidamente certificadas. La última, y no menos importante, categoría “excelencia en la gestión ambiental” es disputada generalmente por personas naturales u ONG que han presentado el mejor proyecto dirigido a la autosostenibilidad y el aprovechamiento de los recursos de forma amigable con el ambiente.
Probablemente, esta premiación se quede corta a la hora de reconocer la labor que tanta gente e instituciones realizan, directa e indirectamente, en aras de la protección del medioambiente en sus diversas características. Otro tanto, como el voluntariado silencioso, pasa al anonimato sin poderse cuantificar su alcance. Ojalá, otras instituciones comenzaran a reconocer la gestión ambiental y promovieran la convocatoria de más ciudadanos comprometidos a favor de este movimiento continental, cuya bandera trata de sensibilizar a la sociedad, para que pasen de espectadores a actores comprometidos con este proyecto de vida.
El nacimiento del Ministerio de Ambiente debe promover el surgimiento de más espacios y categorías por regiones, profesión, edades, oficio y demás actividades cotidianas, con el propósito de considerar el esfuerzo de personas, incluyendo a los niños, en la conservación del ambiente. Por ejemplo: Hacer un reconocimiento especial para las comarcas indígenas y medios de comunicación (radio, prensa, televisión, etc.) que promuevan valores para una nueva cultura ambiental. De igual manera, el sector industrial, responsable en parte (más del 25%) del deterioro ambiental, debería motivar y gestionar proyectos amigables con el ambiente, para zonas agrícolas y ganaderas donde el impacto por los efectos del cambio climático es más severo.