Reconocimiento universal
El mundo ha reconocido con el Premio Nobel de Literatura la grandeza del escritor Mario Vargas Llosa. Los elogios llegan desde todas partes, porque si hay un escritor que lo merece, es este formidable escritor peruano.
Cada vez que leía una obra suya, un artículo, una conferencia, una opinión suya, me preguntaba: ¿Pero que están esperando los que otorgan este reconocimiento universal? Sería el colmo que Mario Vargas Llosa muriera sin haberlo obtenido, como hacían año tras año con el escritor argentino Jorge Luis Borges.
Perdonen, pero cada vez que oigo de estos triunfos tan merecidos, recuerdo el papelón que hizo nuestro país al mandar una comisión a Suecia y a Noruega a solicitar el Premio Nobel de la Paz para el dictador panameño Omar Torrijos. ¡Qué ridículo papel hicimos! Que le otorgaran ese Premio a un hombre que en el poder conculcó todas las libertades; y que durante su gobierno se asesinó, se persiguió, se encarceló y se desterró a todos los que levantaban la voz contra sus arbitrariedades. ¡Hasta allá llegó el servilismo de algunos panameños!
Y luego, para no ser menos, Noriega también envió otra comisión con el mismo propósito. Parecían ignorar que esos Premios no se piden; se merecen. (Vargas Llosa dijo que fue “sorprendido” con el anuncio del Premio. A él, reconocido en su indiscutible superioridad, no se le ocurrió comisionar a nadie para que se lo otorgaran).
Pero les queda la satisfacción, que no fueron los únicos que cayeron en esos despropósitos. En la década de los años treinta, un día funesto para la Humanidad, el dictador de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo, ordenó la matanza de miles de negros que habían traspasado las fronteras de Haití hacia el país dominicano. Contaba un biógrafo del siniestro personaje, que el río que separa a los dos países, quedó “atorado” con los miles de cadáveres y decapitados de los pobres haitianos.
¿Y saben lo que hizo Trujillo para distraer la crítica internacional? Compró, no recuerdo con cuánto al presidente de Haití, que protestaba. Y lo puso a gritar su inocencia del monstruoso crimen. Y poco después, envió una comisión a solicitar el Premio Nobel de la Paz para él, y también para el presidente haitiano. ¡Ustedes no saben de lo que son capaces los tiranos! (Leer La Fiesta del Chivo, precisamente de Vargas Llosa).
Se ha dicho que todo gran escritor, es un gran hombre que escribe. Por eso se ha distinguido a Vargas Llosa con el Premio Nobel. Reciba el homenaje de nuestra admiración por su grandeza.
