default

Recordando el gran terremoto

Por: Redacción 10/03/2017

Estuve en Kashiwa (una de las ciudades más importantes de la Prefectura de Chiba, Japón), cuando ocurrió el gran terremoto de Tohoku (ubicada aproximadamente a unos 300km al norte Kashiwa) que generó una marejada que arrasó con la vida de más de veintidós mil personas y causó daño en la planta nuclear de Fukushima. Estuve viviendo la conmoción causada por las explosiones en una refinería de petróleo del área, las manifestaciones a raíz del miedo y el luto, los racionamientos energéticos, el alza de precios y también estuve para ver el verdadero carácter del pueblo japonés cuando se une por un objetivo común.

Tres años después del terremoto, tuve la oportunidad de visitar Ishinomaki, un pueblo pujante que fue ahogado por el maremoto ese viernes 11 de marzo de 2011. Allí hablé con un grupo de damas que se hicieron viudas ese nefasto y gélido día. Comí y bailé con ellas, también me puse una peluca de geisha y un kimono y le saqué varias risotadas a todo el grupo con mis ocurrencias. Al final de mi recorrido fui a un asilo y platiqué con un ingeniero mecánico, quien había vivido la tragedia de una invasión militar en 1945 a Tokio, la destrucción de dos bombas atómicas y ahora su tierra e hijos habían sido sumergidos por un maremoto que causó el accidente nuclear de Fukushima, el más grande del siglo XXI.

Pero Japón es fuerte y se está levantando. Este escrito es un homenaje a esas vidas que se fueron en el tsunami, y a los héroes que trabajaron y trabajan por hacer a Japón mejor cada día.

Hoy quiero recordar el 311 con el honor que amerita, agradeciéndole al pueblo japonés por todo cuanto han hecho, por su valor e indomable espíritu de lucha ante la adversidad y por mostrarme que a pesar de haber vivido grandes tragedias, su ideal de paz, trabajo honrado y disciplina es algo que sigue institucionalizado en todo el país. Cada día ellos dan lo mejor de sí en sus trabajos, por el bienestar colectivo, con sus virtudes y defectos, mostrando que tienen el ímpetu de ser una sola nación, indivisible y con igualdad de oportunidades para todos los que vivan en esa tierra. Este es mi humilde tributo a esos hombres y mujeres. Gracias pueblo japonés.

Aprovecho la oportunidad para respetuosamente dirigirme a ti Panamá y a mis hermanos latinos solicitando que emulemos ese espíritu del pueblo japonés: nuestra región está pasando por momentos extraordinariamente difíciles; den lo mejor de sí mismos y sean ejemplos impecables; sean una nación indivisible y prepárense con educación para salvaguardar el futuro de nuestros hijos. Panamá y Latinoamérica los necesita. Dios los bendiga.

Ingeniero Mecánico, Ph.D..

Edición Impresa

Miércoles 15 de julio de 2026