default

Recordar para hacer balance; vivir para esperanzarse

Por: Redacción 16/01/2016

El momento actual invita a bucear por los recuerdos, pero también a vivir para esperanzarse. Contrariamente a lo que nos pueda parecer, es bueno recordar, cuando menos para no repetir errores de nuestra historia. También es saludable para seguir viviendo, con más alma que cuerpo, hacerlo despierto; sobre todo, para poder defendernos de las torpezas que nos podamos encontrar en el camino. Es la falta de ilusiones lo que nos hunde, porque la propia vida es eso mismo, un caer y un volver a renacerse. Claro que cuesta levantar el ánimo y no dejarse abatir por una realidad fermentada por las guerras y el sufrimiento. A veces pienso que, más que una leyenda, somos un camino, pues cuando busco en mi memoria, siempre me hallo con aquellas vivencias que casi nunca me dieron fortuna alguna, pero que sí me sirvieron como alas para levantar el vuelo o, si quieren, para cambiar de actitud.

Ciertamente, las actitudes son más importantes que las aptitudes, por aquello de que nuestro modo y manera de ser, y máxime cuando se trabaja en conjunto, es lo que nos permite avanzar como humanidad, humanizándonos cada día un poco más. He aquí un claro testimonio esperanzador, el que Naciones Unidas recuerda en su setenta aniversario, el esfuerzo global para acabar con el ébola, la unidad de todos los Estados miembros para invertir en el futuro de nuestro planeta adoptando unánimemente la Agenda para el Desarrollo Sostenible con el fin de erradicar la pobreza, y el histórico Acuerdo de París, con el que juntos lucharemos contra el cambio climático. Desde luego, tan importante como responder a las necesidades de las personas es cuidar y proteger nuestro exclusivo hábitat como bien colectivo. Es público y notorio, que muchos de los problemas actuales ya tienen que ver con el agotamiento de los recursos naturales.

En efecto, es importante echar una mirada retrospectiva, además de mirar alrededor a las cosas nuevas que nos circundan, para poder interpelar nuestra imaginación y creatividad, sin obviar nuestra responsabilidad en los acontecimientos. Por desgracia, ahí quedan en nuestra retina inquietantes imágenes, como la del cuerpo sin vida de un pequeño a la orilla del mar, que simbolizó la difícil situación de miles de millones de refugiados, o las de personas en París, Beirut y Nairobi huyendo de ataques terroristas, o las de países arruinados por batallas incesantes. En cualquier caso, frente a los sentimientos xenófobos que han surgido, recordemos que más de un millón de personas huyeron a Europa en 2015 por conflictos, pobreza y represión, una cifra sin precedentes. Va siendo fundamental reconocer la contribución positiva que hacen estas gentes en los pueblos en los que viven. Sin duda, la migración, como éxodo que irá en aumento, debe ser legal y segura para todos, tanto para los inmigrantes como para los países que los acogen.

...DEBEMOS TRAZAR OTRO ESTILO DE VIDA QUE COMIENCE POR FOMENTAR LA ALIANZA ENTRE LOS MORADORES Y EL AMBIENTE. TODO ESTÁ INTERCONECTADO Y ESTO NOS INVITA A MADURAR SOBRE UNA DESPRENDIDA POÉTICA EN LUGAR DE UNA INTERESADA POLÍTICA.

A propósito, se me ocurre pensar en lo que decía la inolvidable estadista y política hindú Indira Gandhi, en cuanto a ser de mente abierta y de corazón bondadoso, puesto que "con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos". Es verdad, en los momentos dificultosos de la existencia nuestra, y el actual no es distinto de los anteriores momentos de la existencia humana, no se debe encerrar uno a sí mismo, la actitud correcta es hacer pausas y recapacitar, no vivir alocadamente, sino más bien la de intentar enmendarse, sabiendo que todos necesitamos de todos.

Precisamente, Baltasar Estévez, en su libro "El hombre y el agua", nos insta a reflexionar: "Si observamos la cuenca del río Lanjarón, tenemos que estar de acuerdo en que no se parece en nada, desgraciadamente, a la verde imagen del siglo XIX y la primera mitad del siglo pasado, que tantas alabanzas recibió de personajes ilustres que nos visitaron aquellos años".

La humanidad, a poco que se afane, aún posee la capacidad de cambio para que renazcan tantos paraísos perdidos. Todo ha de desarrollarse con más sintonía ética, que ha de llevarnos a recapacitar sobre ciertas actitudes sin alma que hoy siguen rigiendo el planeta y que van en detrimento del propio ser humano. Por ello, debemos trazar otro estilo de vida que comience por fomentar la alianza entre los moradores y el ambiente. Todo está interconectado y esto nos invita a madurar sobre una desprendida poética en lugar de una interesada política, o, si prefieren, una donación intergeneracional más comunicativa y hospitalaria.

Escritor

Edición Impresa

Viernes 24 de julio de 2026