Recuerdos no gratos
El título anterior está bifurcado contra las corruptas autoridades, cuyos estragos padecí en carne propia y, por otro lado, contra un sector considerable de esa populosa comunidad que no calificaré de pueblo, sino de populacho.
Residí en San Miguelito entre los años 1960 y 1978, cuando decidí emigrar, por ser intolerables sus vicios y la sordera de las autoridades de ese Municipio involucradas en transacciones dolosas, entre ellas, la proliferación de bodegas y cantinas, con una imagen crecientemente degradante contra las buenas costumbres. Con los años he pensado que sabia fue la petición de mi esposa de que nos mudáramos, ya que obstinadamente pensaba que debía seguir enfrentando las acciones degradantes, principalmente rodear mi residencia con dos bodegas adrede, porque por medios periodísticos, con el coraje que siempre me ha caracterizado, no callaba la conducta deleznable que causaba náusea y repudio enérgico en mi ánimo no solo de las autoridades locales, sino también de los uniformados que tenían que ver con la respectiva coordinación, ya que se trataba de los años en que ellos gobernaban. Hubo el escandaloso caso cuando un directivo de ese Municipio, a la vez contador de la iglesia, que se apoderó de cuantiosos fondos aportados desde Chicago y por los fieles.
Por aquellos años, no quedaban a salvo de mis críticas los llamados representantes de corregimiento, que no en pocas ocasiones, cuando el general Torrijos asistía a reuniones para conocer la marcha del distrito, pretendían impedirme el acceso a las mismas para evitar que el gobernante conociera de viva voz la mala conducta que diariamente ejercían, pero de poca efectividad, porque seguían haciendo de las suyas.
Todo ello me inclinó a producir una ácida literatura que se ha plasmado en mi libro de cuentos, próximo a salir publicado, titulado "El pan nuestro de cada día", la mayor parte del cual es la expresión del mal recuerdo que tengo de elementos de insana convivencia y de corrompidos funcionarios municipales y, por qué no decir, de algunos agentes de la Guardia Nacional que patrullaban las calles y se estacionaban con la luz roja de alarma para beber al aire libre cervezas y licores, aparte de algún soborno que recibían.
Por haberme involucrado en el movimiento cívico-religioso para que se creara el distrito de San Miguelito el 30 de julio de 1970, mediante el Decreto de Gabinete 258, logré ocupar algunos cargos de importancia, pero fueron de poca duración por las roscas que surgieron en mi contra, pero siempre salí de ellos con la frente alta, con las consecuencias negativas de que mermaban los ingresos honradamente ganados para el sostenimiento de mi hogar, pero gracias al estímulo y a la comprensión de mi esposa, seguí ganándome el pan nuestro en otros cargos con la misma dignidad.