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Redistribución, desigualdad y crecimiento

Por: Redacción 07/05/2014

La economía panameña, como se ha destacado innumerables veces, ha mostrado recientemente tasas de crecimiento económico. En efecto, entre el año 2004 y el 2012, el Producto Interno Bruto (PIB) creció a una tasa promedio anual del 8.3%, mientras que en términos per cápita lo hacía en 6.5% anual, dando lugar a lo que entre los economistas se conoce como un episodio de crecimiento.

LA MEJORA DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO EN EL PAÍS ES, A LA VEZ, UNA PRIORIDAD SOCIAL, ÉTICA Y DE EFICIENCIA ECONÓMICA, AÚN CUANDO LOS SECTORES DOMINANTES, TANTO EN EL GOBIERNO COMO EN LA OPOSICIÓN, APENAS ALCANCEN A TRATAR EL TEMA COMO UN PROBLEMA DE ASISTENCIALISMO.

Se trata, desde luego, de un crecimiento que también tiene notables vulnerabilidades, vinculadas, principalmente, con el sector externo, las cuales son bastante conocidas. Sin embargo, quienes han venido defendiendo el actual modelo de crecimiento, no han hecho ningún esfuerzo por entender la vulnerabilidad que surge de la creciente inequidad que existe en la distribución de los resultados del crecimiento. A manera de ejemplo, se puede recordar que, de acuerdo con datos de la Cepal, Panamá vio elevar entre el 2008 y el 2012 su nivel de concentración de los ingresos medidos por el coeficiente de Gini, mientras que la participación de las remuneraciones de los asalariados en el PIB se redujo en 7.5 puntos porcentuales entre el 2000 y el 2012.

Un reciente trabajo publicado por el FMI con el título Redistribution, Inequality and Growth, elaborado por J. Ostry, A. Berg y C. Tsangardies, analiza econométricamente la vinculación entre desigualdad, redistribución y crecimiento. Este importante trabajo, que utiliza una amplia base de datos a nivel internacional, establece, en primer lugar, que existe una correlación que apunta al hecho de que una peor distribución del ingreso está asociada a una tasa más baja de crecimiento en el mediano plazo. Más aún, el trabajo llega a la conclusión de que la redistribución, sobre todo si se guía hacia elementos como la educación, la salud y la cohesión social, resulta en general positiva para el crecimiento. Estos autores, en base a su investigación, afirman que “la desigualdad resulta dañina para el crecimiento”, a la vez que señalan que “la redistribución es en general procrecimiento”.

En el trabajo que ahora nos ocupa también se refiere a la duración de los episodios de desarrollo y su vinculación con la inequidad y la redistribución. En este caso, el análisis econométrico de los datos lleva a la conclusión de que a mayor inequidad tiende a reducirse la duración de los episodios de crecimiento. También se afirma que en el caso de una redistribución del ingreso, la cual no vaya más allá de 13 puntos de Gini, la evidencia sugiere que esta será favorable a la duración del episodio de crecimiento. Estos resultados coinciden, en general, con lo que conocemos de la realidad panameña.

En una reciente investigación que titulamos “Régimen de Utilización de la Capacidad Instalada y de Acumulación en Panamá: 2000 -2012”, la cual deberá publicarse en el futuro cercano, se demuestra que la disminución de la participación de las remuneraciones en el PIB, con el consiguiente aumento de la participación del excedente neto (beneficios), tiene un efecto negativo sobre la tasa de utilización de la capacidad instalada, así como un impacto final negativo sobre la tasa de inversión, aún cuando se introduzca el impacto positivo que sobre la misma tiene la mayor rentabilidad.

De acuerdo a esto, queda claro que la mejora de la distribución del ingreso en el país es, a la vez, una prioridad social, ética y de eficiencia económica, aún cuando los sectores dominantes, tanto en el gobierno como en la oposición, apenas alcancen a tratar el tema como un problema de asistencialismo. Más aún, de acuerdo con lo anterior, todavía existe un amplio margen de maniobra redistributivo, habida cuenta que los efectos de los impuestos y el gasto público en Panamá apenas logran reducir el coeficiente de Gini en 1.12 puntos.

Para quienes entendemos que ser verdaderamente independientes implica promover una real alternativa a los planteamientos trillados de la cúpula dominante, debemos guiar nuestros esfuerzos hacia la búsqueda de una mejor calidad de vida para la población. Estos deberán no solo buscar mayor equidad social y eficiencia económica. También tendrán que entenderse como el único mecanismo capaz de lograr una sociedad estable y con justicia social en un contexto en el que la teoría del rebalse o goteo simplemente no funciona, y en el que la creciente escasez de los elementos naturales se hace sentir, evidenciado la urgencia de proteger y conservar el medioambiente. El voto solidario con la humanidad y su naturaleza es, entonces, un imperativo que va más allá de las concepciones utilitarias.

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Viernes 7 de agosto de 2026