Reflejos de una sociedad inmadura

Por: Redacción 21/08/2011

Las revueltas que se suscitaron a inicios de este año en varios países árabes y los disturbios ocurridos hace unos días en Londres tienen algo en común:
el uso de la tecnología celular y las redes sociales. Sin embargo, las motivaciones y fines que se perseguían eran diametralmente opuestos.

Mientras en la “primavera árabe” se usó Twitter como medio para reivindicar la libertad y la democracia, en el caso británico, el Blackberry Messenger como arma para burlar la ley y perpetrar delitos.

El error más grave de algunas sociedades de los países desarrollados es darles la espalda a los jóvenes y mostrar una profunda desidia a la hora de plasmar mecanismos de diálogo con ellos o garantizar su participación en un poder negado. Esa indiferencia y ese conflicto intergeneracional provocaron un estallido social en el que se mezcló el caos y el desorden.

Los jóvenes tienen todo el derecho de protestar por la muerte de Mark Duggan, quien murió en un enfrentamiento con la policía británica en el barrio de Tottenham, pero es inadmisible el uso desmedido de la fuerza que luego se transformó en violencia y sembró la semilla del miedo en los ciudadanos.

Como sociedad debemos reflexionar en qué medida damos a los jóvenes las suficientes oportunidades para integrarse al sistema y sentirse realizados dentro de él.

Este año terminará con la confirmación de que las redes sociales pueden alterar la relación entre el ciudadano y el Estado. Los jóvenes británicos descubrieron que la tecnología es una herramienta de poder para poner de rodillas a la generación adulta y a un Estado que los ignora.

Esta situación no hace sino confirmar el fracaso de una sociedad adolescente que solo vive el momento y no es capaz de sentar los cimientos del mañana, cuyos integrantes promedio alcanzaron la madurez cronológica, pero viven y piensan como si tuvieran dieciocho años.

Más allá de la evidente falta de integración sociocultural, es hora de devolver a la familia el valor unificador que tiene en la sociedad, en cuyo interior se cultivan los valores que nos sostienen. La hemos dejado sola y ahora queremos ignorar las consecuencias de ese abandono.

¿Qué tipo de educación recibieron esos jóvenes británicos de sus padres? Lo ocurrido en Londres es solo una muestra de lo que puede pasar si nos resistimos a darle a la familia el valor que merece, es ahí donde se forman los jóvenes del mañana. Es en ella donde podemos sacar las fuerzas para asumir los desafíos del presente.

Periodista.

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