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Reflexión: De educadores y Educación

Por: Redacción 03/06/2014

“El aumento va y va para todos, los que nos fuimos a huelga y para los que no apoyaron”, “...y que hablan las madres que no asisten a las reuniones de padres de familia y no las ves en todo el año escolar, las ves cuando van a cobrar las becas universales, ahí es cuando yo las agarro”. Escuchando los comentarios y argumentaciones de esta educadora en paro, siento la irrefrenable obligación de realizar los siguientes apuntes surgidos del comentario. Laboré para el sistema público hasta el año 2005, cuando opté por voluntad propia buscar mejores horizontes, donde la educación fuera un servicio bien apreciado y remunerado, luego de 16 años dedicados a mis estudiantes, como aporte a mi país, para los hijos de los trabajadores, de gente humilde que depositan su fe y confianza de la preparación de sus hijos en las escuelas, en los maestros y profesores.

Considero la oportunidad propicia para realizar una reflexión acerca del desarrollo del devenir educativo y sus afanes, que considero han sido muchos, sin orientación real y norte definido. Mis colegas, algunos ya retirados del sistema, no me dejarán mentir, nuestro salario al iniciar en el sistema, en ese entonces, era de $360.00 por mes; no contábamos con los recursos que hoy día tienen las escuelas, incluso hasta las de difícil acceso. Las escuelas de primera categoría, es decir, las que por cantidad de población y comunidades a las que brinda el servicio, están equipadas y han sido reconstruidas casi en su totalidad. Nosotros no contábamos con aire acondicionado, ni tableros interactivos, ni ordenadores nuevos, ni salón audiovisual, como los estudiantes tampoco contaban con los libros de textos y computadoras personales gratis para su mejor instrucción y capacitación. Vivimos los tiempos de salones semiconstruidos y algunos destruidos, tableros carcomidos por el comején, con abanicos insuficientes, sino dañados, con sillas en pésimo estado, con techos corroídos por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento a sus estados, con cielorrasos de fibra de vidrio, reconocido años después como altamente tóxico para la salud, con pocas condiciones de aseo y seguridad en las escuelas, carentes de verdadero interés por la educación nacional y el porvenir de nuestra juventud.

Es así como encuentro la posición de la dirigencia de educadores debiera ser una de mayor conciencia y sensibilidad social, capaz de liderar mejores consensos, y evitar caer en la conveniencia, el interés rapaz, la inconsciencia y el desamor para con sus alumnos, que en primera instancia son la razón por la cual tenemos trabajo, uno digno que nos permite llevar el sustento a nuestros hogares. Cómo no desear el mismo bien que tienen nuestros hijos para los hijos ajenos, la mayoría, hijos e hijas de trabajadores manuales, de mantenimiento, de servicios técnicos, de artesanos, de pequeños comerciantes, buhoneros, colaboradoras de almacenes y tiendas al por menor, muchos también provenientes de hogares con un solo padre de familia, a veces compartidas las cargas entre dos padres separados, cuando no criados por abuelos y otros familiares, pero todos, haciendo un gran y sobrehumano esfuerzo por dar el todo por el todo por los suyos.

Esta reflexión propone a los colegas no olvidar los principios fundamentales y pilares educativos, las metas propuestas y las necesidades reales de la educación panameña y a no dejarse perder en el interés de su bolsillo y su bienestar, condenando a una gran masa popular de chiquillos y chiquillas a una educación de pobre calidad, con escasos conocimientos y muchas lagunas en los contenidos de sus materias. Jóvenes que encuentran en las calles, esquinas y antros de mal vivir un escape a sus inquietudes, carencias y vacíos que los inducen al ocio, las drogas y la delincuencia, y que debieran ser llenados con conocimientos y aptitudes como es nuestra responsabilidad.

Un mes y medio de clases interrumpidas no podrían ser recuperadas en tiempo y contenido, así como lo ha propuesto la dirigencia actual de educadores en paro. La aprehensión de saberes como sabemos, no se realiza con módulos para recuperar una nota, sino como un proceso bien planificado en fases, con metodología, estrategias y herramientas orientadas al empoderamiento de saberes y destrezas que son sistemáticamente asimiladas por medio de guías prácticas, elaboradas, asistidas y desarrolladas durante y mediante clases, talleres, evaluaciones y procesos. Conocemos muy bien el resultado de la sustitución de objetivos y contenidos no desarrollados y a medias cubiertos para recuperar “tiempo”, el resultado son las deficiencias en los aprendizajes y destrezas no adquiridas que tenemos en faltas ortográficas, pobre redacción y comprensión de lectura, debilidades de análisis y razonamiento, que conforman el espectro de las grandes fallas en la instrucción pedagógica a nivel público.

No solo tenemos derechos, señores, también tenemos deberes, queremos exigir y recibir sin aportar ni dar el mejor de los esfuerzos, sin evaluación no hay medición, no existiría el avance y el desarrollo que requerimos para llevar una vida útil, productiva y funcional. Nos quejamos de los padres de familia y sus realidades personales, sociales y económicas, sin embargo, no queremos cambiar ese producto en los hijos y niños que serán los adultos del futuro.

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Viernes 7 de agosto de 2026