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Reflexión en la coyuntura política: evaluar las necesidades sanitarias


Durante los gobiernos de la era posinvasión, la nación panameña ha experimentado en carne propia varios sucesos negativos e impactantes que, más que culpables individuales, lo que traducen son desaciertos acumulados de varias décadas en las que quienes tenían que velar por los verdaderos intereses de los ciudadanos, tan solo se interesaron en los beneficios de grupo y de sus cuentas bancarias, aunados a una pésima concepción e interpretación de las leyes divinas de la libre competencia y el neoliberalismo deshumanizado.

La construcción de carreteras, edificios urbanos, puentes, barriadas de interés social, las megainstalaciones públicas, los procesos para la entrada, procesamiento y venta de los productos importados y nacionales para el consumo humano, la adquisición de vehículos terrestres, acuáticos y aéreos para la movilización de los ciudadanos, solo por señalar algunas áreas del acontecer diario, no resisten un prolijo escrutinio sobre la calidad, costo y durabilidad de estas infraestructuras, equipos e insumos críticos.

Otra de las funestas prácticas del gerente público moderno (panameñista, PRD o CD) es la de desechar de plano todas las políticas, planes, programas y proyectos del quinquenio anterior y lo que es peor traerse consigo a la administración pública a él encomendada, a sus familiares, condiscípulos, compañeros y amigos del club cívico-social, logia o gremio, aunque para esto tenga que desplazar a los técnicos probados durante décadas, que están esperando una oportunidad para superarse.

El experimento de la integración, desde 1972 hasta 1989, tuvo como 11 anteproyectos de ley que intentaron normalizarlo, pero que no lograban pasar ni el primer debate en la Asamblea Nacional. Estos intentos resultaron infructuosos, por la oposición de los empresarios, los sindicatos, los políticos y los gremios de la salud en sus diferentes momentos coyunturales. Porque para el mal de este país, antes de 1968 y después de 1990, los excelentes proyectos de un partido en el poder se tornan diabólicos cuando estos pasan a ser oposición, en un rejuego cíclico electorero, que al parecer no tiene fin.

Esta no es la hora de los ungidos ni de los que creen saber, sino de evaluar las reales necesidades y demandas sanitarias de nuestras comunidades, analizar la adecuación de nuestra oferta, sopesar la eficiencia de los procesos, medir la eficacia de sus productos y verificar la efectividad de los impactos sobre los indicadores sanitarios, con miras a todo ese inmenso caudal de recursos que el Estado destina al área sanitaria.

Lo importante es que en este país el ciudadano común por fin tenga acceso oportuno, con calidad y calidez, a todas las atenciones que demandan sus necesidades personales y ambientales y no con base en su capacidad económica.

Esta es la reforma y el cambio en el sector salud que todos estamos esperando.

Doctor.