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Reflexiones sobre el acontecer sanitario en Panamá


La profesión médica desde sus orígenes ha sido elitista y cerrada. Los antepasados primitivos juntaban las artes de curar o más bien aliviar, a concepciones religiosas de castigo o expiación, de la mano con aquellos que detentaban el poder. Las antiguas civilizaciones la rodearon de misticismo y los conocimientos eran transmitidos de manera individual de maestro a estudiante o de familia a familia. El juramento hipocrático dista mucho de ser un documento socialista y más bien parece una Declaración de Principios de una logia.

En Panamá no ha ocurrido la excepción. Todavía recordamos las declaraciones de expulsión de la Asociación Médica de la época, para todo médico que osara trabajar en el Hospital Santo Tomás o en los nosocomios de la Caja de Seguro Social en los primeros dos tercios del siglo XX. La premisa central era que el ejercicio era de carácter privado y que la profesión era liberal. Han pasado más de 40 años desde que la AMOACSS de la época, se oponía fieramente a cualquier intento por lograr el precepto constitucional, de la integración de los servicios de salud en nuestro país.

Siempre le pregunto a mis estudiantes en las 5 universidades en las que he podido compartir algo de mis experiencias de 38 años de servicio, ¿qué ha sido lo que los ha motivado a querer ser médicos? Les expreso sin ambages, que si la idea es la de tener un auto alemán, avión en el aeropuerto o lancha en el embarcadero, sería mejor que por el bien del 40 % de la población que espera que el mensaje de salud les alcance, se metieran a estudiar otra carrera.

Sin lugar a dudas podrían lograr sus metas, desde un mullido sofá con su mesa de caoba, en uno de los rascacielos recién construidos, como ejecutivos de una empresa inmobiliaria, un banco transnacional o una firma famosa que produce compañías para la exportación.

Al parecer otra de las posibilidades es meterte a político. Tan solo hay que desarrollar de manera acelerada la premisa básica del personaje exitoso y que una vez la señaló el Presidente Clinton: “desde que aprendí a prometerle a los electores, todo lo que ellos querían escuchar, no he perdido una sola elección”.

Los dirigentes de la nueva Comenenal han desarrollado una encomiable labor especialmente durante la última década post-invasión y han cambiado la actitud gremial en 180 grados. El sonido de la caja registradora en la gran mayoría de mis apreciados colegas, ha sido reemplazado por el interés sincero de participar en el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros compatriotas y de combatir la enfermedad y factor de riesgo más común del planeta, la pobreza extrema.

Su rol se viste de mayor importancia precisamente ahora, en momentos en que antiguos líderes gremialistas han asumido puestos con mando y jurisdicción, y finalmente comprenden que no es lo mismo caminar la procesión, que repicar el tambor o cargar al pesado santo.

Para terminar, el grupo médico debe internalizar que el principal atributo de un servicio de salud de calidad óptima es la equidad. Esto solo significa que debemos atender a cada quien de acuerdo a sus necesidades y no a su capacidad económica. Es decir que los gordos pobres también tienen derecho a la operación de Bosco y Cheyo, al “bypass” de Andrés, al nuevo riñón e hígado de Don Alberto o las caderas recién lubricadas de Karen Isabella.