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Reflexiones sobre los papeles perversos

Por: Redacción 26/04/2016

 
Respiré profundo para meditar sobre lo que está sucediendo a nuestro país, y si debía redactar este articulo. Tuve dudas, también tuve presente los principios del arte de callar que recomiendan no decir nada si nada tienes que decir, o decir lo que tengas que decir si es bueno, por eso decidí escribirlo. 
No juzgaré a la firma de abogados involucrada porque no tengo elementos de juicio para señalarla como delincuente, pero sí puedo opinar sobre el hecho de que nos metieron en una miasma profunda, y, sobre la actuación del gobierno, ese es un derecho ciudadano que no renunciaré.
La primera reacción que tuve al conocer los informes divulgados fue de sorpresa no sorprendida, como esperando algo así; como sentir una bofetada, no por el insulto al país, sino el de hacerme despertar de una modorra del saber y dejar hacer de cosas indebidas porque se venían anunciando. Me sentí mal porque a sabiendas de que eran actuaciones del juega vivo nunca lo había criticado, quiero decir, ver lo malo y mirar para otro lado porque me había dejado convencer que era legal. Ese argumento aún persiste. 
Pensé que comenzaba la segunda fase de la Ley del bumerán porque en algunos otros artículos publicados en este diario auguraba yo que algo iba a suceder a este gobierno por ser tan drásticos con sus enemigos  políticos. No lo digo porque no me interesara la investigación de corrupción, sino por la saña en la persecución, violando derechos inherentes a todo ser humano, de cualquier condición, delictiva o no. 
Nunca esperé que ese algo fuera de las dimensiones de derrame de aguas servidas que nos salpican a los panameños. ¿Nos estará pasando porque los ciudadanos actuamos con  mucha lenidad? Vemos que suceden cosas no debidas y nuestras protestas solo quedan en las redes sociales, es más cómodo. 
A los panameños desde muy pequeños nos meten en la cabeza que nuestro país ha sido bendecido por Dios, no tenemos cataclismos volcánicos, ni huracanes, ni tsunamis, ni terremotos. Y si algo nos sucede nos enseñan también que cerrando los ojos y a punta de rezos e invocaciones lo malo pasa. Yo no creo en nada de eso. El presidente sí cree, por ello se fue al Oriente a meditar. 
La reacción del Gobierno me indicó que no están preparados para ninguna crisis porque todas los han sorprendido, porque nombran siempre a los mismos funcionarios para todo. Todos son abogados que solo se preparan para litigar, pero no para resolver. Y a la luz pública  comenzaron las metidas de pata y baladronadas: alguno se atrevió a querer declarar al país en autarquía. La defensa fue torpe y absurda, responder con medidas de retorsión, incluso la de no dejar pasar barcos por el canal del país que nos señalara. El colmo del señor presidente fue irse de viaje a países de Oriente para invitarlos a la fiesta de inauguración de las nuevas esclusas. Como que aún no comprendiera lo que está sucediendo. 
Otros salieron a limpiar la imagen del país con la prostituida palabra “transparencia”, empero la imagen de que hablan es la del espejo porque la del verdadero agraviado sigue sucia, sin embargo el asunto no es solo de imagen, es algo más. 
El daño moral que nos ha dejado es enorme. No es vergüenza ajena como dicen algunos, sino vergüenza propia, y molesta porque sin autorización del soberano se utilizó el gentilicio panameño que es de todos los ciudadanos; fue empañado por turbios negocios que será difícil de desempañar y recuperar. Los corruptos nunca han dejado el poder. Aquí la educación lleva a los individuos a ver cómo, mediante la política, el juega vivo y los partidos políticos, se llega a los círculos que lo manejan. Enseñan a ser audaz, competitivo, sin ética ni compasión. Lograr el éxito, no importa cómo, es el titulo a obtener en la educación. 
El castigo de cárcel que pudieran merecer los transgresores solo sería para humillar sus inflados egos, empero lo que más se merecen es el despojo del dinero mal habido. Eso si duele a los codiciosos y ladrones.
Creo que los ciudadanos debemos indignarnos de verdad como lo hicimos con la Cruzada Civilista contra los milicos y sus políticos, y demandar que se castigue a quienes nos mancharon. Que no nos roben la dignidad ni la fama de honrado, que fue lo que hicieron.
El imperativo categórico que tenemos que imponernos es el debemos exigir en las calles las explicaciones y el esclarecimiento de los hechos denunciados.
La buena fama que se ha tenido y se pierde es difícil de recuperar. En cuanto a la mala fama le pido a quien haya leído hasta aquí, para que vea cómo se daña una dignidad, que en una hoja de papel blanca, nítida, escriba una serie de buenos propósitos, luego arrugue esa hoja como si fuera a botarla y hable mal de lo que escribió, luego arrepiéntase de haber arrugado la hoja y esta vez hable bien de ella y desarrúguela, ¿vuelve la hoja a su estado primero, nítido?  No. Así es la honra mancillada. Nunca se recupera del todo.
Docente
 

 

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