“Reformas generales estructurales del Estado”
“El país se encamina hacia unas reformas generales estructurales del Estado”. Así, por despachos procedentes de Nueva York, nos enteramos que el presidente abriga intenciones de “voltear al país patas arriba”. Como acá nunca fuimos prevenidos, se impone que el señor Martinelli, para evitar especulaciones y desalentar suspicacias, perentoriamente, informe al pueblo panameño, cuáles son “los planes” que ha venido guardando, “in pectore”.
En su “plan de gobierno” o, más propiamente, la suma de propuestas que el otrora candidato publicó con profusión, pero nunca explicó más allá de sus enunciados generales, hay una sección titulada “Eje institucional” (páginas 28 y siguientes). Recomiendo releerla. Salvo la mención, sin explicaciones ni aclaraciones, en la “primera propuesta” de la sección “gobernabilidad”, en la que puede leerse: “Para lograr el fortalecimiento de la democracia y la modernización del Estado, con énfasis en la reestructuración del sistema judicial, legislativo y electoral, se propondrán las modificaciones necesarias a la Constitución Nacional”, nada más se precisó o aclaró por parte de Martinelli o sus voceros.
Han transcurrido 15 meses del nuevo gobierno, pero en todo ese prolongado período no recordamos medida alguna para mejorar el Órgano Legislativo. El absoluto control del mismo, en el que se ha puesto un empeño superlativo, sólo ha servido para aumentar su ineficacia y desprestigio. Tampoco se ha hecho esfuerzo alguno para mejorar la pésima imagen que el país tiene del Órgano Judicial. La última selección de magistrados, desdijo todo lo dicho en el llamado “plan de gobierno”, y durante la campaña. Y, en cuanto al fortalecimiento de la democracia, que debe comenzar por una revisión profunda del sistema electoral vigente, las acciones avanzadas desde las esferas oficiales confirman que los partidos gobernantes, en abierta complicidad con los de oposición, tienen como prioridad afianzar su monopolio de las vías de acceso al poder, perpetuando un sistema electoral injusto y antidemocrático.
“Reformas generales estructurales del Estado” pueden efectuarse por dos vías: una, cambiando la mentalidad de quienes cumplen la función de gobernar, para que entiendan que son “mandatarios y servidores” y no “mandantes” del pueblo que los eligió; la otra, mejorando las estructuras del poder público, mediante cambios constitucionales y legales, para hacerlas efectivas y eficaces. Tanto las unas como las otras, han escaseado, dramáticamente, en el actual gobierno.
Las iniciativas para dar una dimensión moral a la función de gobernar o para modificar las bases constitucionales y legales del Estado deben ser saludadas como positivas. Las primeras dependen, esencialmente, de que quienes ejerzan el poder se empinen por encima de sus egoísmos y corrijan sus errores, y éstas están todavía por verse; las segundas, de que las reformas sean el producto de la consulta y el consenso, construidos sobre la base del respeto a los gobernados.
El señor Martinelli se sacó de la manga en Nueva York un anuncio que parece apuntar a posibles cambios constitucionales; bueno, por tanto, sería que, cuanto antes, deje saber al país cuáles son sus intenciones, sin tapujos ni sorpresas. De esas ya hemos tenido bastantes y sus consecuencias han sido nefastas.
