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Reformas a la Constitución


Casi siempre en la política hace presencia una doble moral, relativa al tiempo y al espacio, que hace que temas que son buenos para unos parezcan malos para otros; o aquellos que en determinados años eran buenos para aquellos sean rechazable ahora para los que los defendían. Tanto la realidad nacional como la internacional exigen hoy cambios y medidas que sintonicen al país con los dramas dictados por los retos de hoy. La alianza entre naciones para enfrentar al narcoterrorismo, por ejemplo, es una de ellas. O la necesidad de enfocar los esfuerzos de la Nación en la batalla contra quienes, a partir de sus interesesparticulares, no soslayarían la posibilidad de crear desórdenes y desestabilizaciones. Con un discurso demagógico que excluye las bondades y beneficios desarrollados por el sector oficial en el último año, hay quienes han comenzado a atacar una eventual reforma a la Constitución Nacional, a partir de supuestos y con total desconocimiento de lo que se propone. Toda Constitución supone un pacto social que debe renovarse constantemente para que sea reflejo de las urgencias ciudadanas y no un mamotreto dogmático que, como algunas leyes existentes hasta hace algunos años, incurrían en exabruptos como condenar más enérgicamente el cuatrerismo que la violación a una mujer. Irónico porque varios de esos grupos que extemporáneamente han comenzado a rechazar una propuesta de reforma que no conocen, hablaban en el primer quinquenio de este siglo de la urgencia de un nuevo pacto social. Sucede que ahora el tema resulta inaceptable.