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Reformas por caminos torcidos


Hoy se instalará, seguramente que con un buen grado de aparatosidad, la flamante “comisión de notables”, designada por el presidente Martinelli, para, se supone, elaborar un anteproyecto de reformas constitucionales, pero como el camino que se ha escogido nace torcido, el rumbo que seguirá el proceso reformador y su resultado final están plagados de incertidumbres y sin razones.

El presidente, cuando hacia campaña electoral, entre las propuestas del “eje institucional” de su futuro “programa de gobierno”, prometió que “para lograr el fortalecimiento de la democracia y la modernización del Estado, con énfasis en la reestructuración del sistema judicial, legislativo y electoral, se propondrán las modificaciones necesarias a la Constitución”. Ese anunciado general, prometía de todo y nada en concreto, excepción hecha de la promesa específica de “promover cambios en el método para escoger a los magistrados de la Corte”, que sabemos la suerte que ha corrido. En casi dos años de gestión, nada se hizo para concretar la promesa electoral. Nunca llegamos a saber cuáles eran “las modificaciones necesarias” que tenía en mente el señor Martinelli, a pesar de que lógico y consecuente, y también su obligación, era que, en algún momento, hubiera, por lo menos, esbozado “un borrador de sus ideas”.

Han sobrado voceros oficiosos que, “para probar las aguas”, han lanzado, dizque por la libre, propuestas reeleccionistas y alguna que otra idea, pero sin concreciones ni paternidades decididas y definidas como para merecer un análisis serio.

Encomendar a una comisión, como la “de notables”, la tarea de redactar “un anteproyecto” no es esencialmente negativa; pero sí lo es que se la convoque sin que exista “una clara razón política” que la justifique. Los anteproyectos de 1945, para sustituir la Constitución de 1941; de 1972, para reformar la Constitución de 1946 y dar sustento al régimen militar; y de 1983, para eliminar, en palabras del Dr. César Quintero, los “resabios autocratizantes” y las “instituciones contraproducentes”, instauradas en 1972, obedecieron a una razón sociopolítica.

Los notables, qué función tendrán: ¿escuchar propuestas e interpretarlas? ¿inventar las que a ellos se les ocurran? ¿o plasmar las que “privadamente” les sugieran los gobernantes? Nada está claro, porque en lugar de comenzar por donde se debía: con una propuesta clara del gobierno que fuera punto de partida para un camino recto y transparente, se han preferido caminos torcidos y tortuosos, innecesariamente o ¿intencionadamente?