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Reformas a viciadas estructuras


Víctor Corcoba Herrero / Escritor (opinion@epasa.com) / -

Son necesarias las reformas, máxime cuando las estructuras de gobierno, desgobiernan más que gobiernan. Este planeta, en el que buena parte de sus moradores sobrevive y otra se muere cada día en la indigencia, mientras otros despilfarran y abusan del poder que les respalda, tiene que cambiar, y a poder ser, más pronto que tarde. No es hora de lamentos, sino de transformaciones profundas, de ruptura con los corruptos, de alejamiento hacia aquellas personas que han perdido el sentido profundo de la justicia y se benefician de la miseria, de disolución de las instituciones que lejos de servir a la ciudadanía, sirven únicamente a los que ostentan el dominio.

Las crisis humanitarias suceden por falta de humanidad entre las personas. Es preocupante el silencio de tantas instituciones que no pasan de los hechos a las obras. Somos, por consiguiente, de una irresponsabilidad manifiesta, que habría que subsanar con mayor transparencia y equidad, teniendo en cuenta la degeneración actual y el vacío humanista que nos acorrala.

Muchas personas, insisto, viven en precario, porque las mismas estructuras de gobierno permanecen desaparecidas e invisibles. ¿Cómo pueden seguir presentes modelos económicos que empobrecen y excluyen? Bajo estas mimbres indignas, nada es humano en definitiva. Ante tantas desigualdades, a veces me pregunto, ¿cómo no se propicia un cambio social para la defensa del ciudadano? Es evidente que ante esta relajación de la ética, difícilmente vamos a poder edificar otras estructuras de contenido más humano. Se precisa, pues, más que nunca, la intervención de una autoridad pública internacional, capaz de tutelar los derechos de los más débiles y pobres, con la cobertura de protección social necesaria para poder avanzar hacia la igualdad, a través del acceso y calidad a la educación primero y al mercado laboral después.

Todos los gobiernos del mundo, con sus estructuras, lo que tienen que hacer es ser más proclives a la inversión social, a instalar mecanismos redistributivos y a crear políticas basadas en derechos sociales que eviten el desigual reparto de bienes. Ya está bien de tanto dolor esparcido entre gente marginada por el sistema y de tantas vidas humanas excluidas, tenemos que decir ¡basta! y encaminarnos hacia otros dominios menos dependientes, más libres, capaces de garantizar el desarrollo de la persona hacia el bien colectivo.

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Viernes 14 de agosto de 2026