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Refugiados, vergüenza de Europa

Por: Redacción 10/09/2015

Guerras, violencia, sequías y catástrofes naturales obligan a millones de personas a abandonar sus hogares. En 2014, la agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) constató más de 59 millones de hombres, mujeres y niños que huyen de los conflictos armados. En 2013, según el Centro de Supervisión de Desplazados Internos (IRC), 22 millones de personas se convirtieron en refugiadas ambientales, víctimas directas de las sucesivas catástrofes naturales. Europa se ha convertido en la "tierra prometida" para muchas de ellas, sin embargo, este destino tiene poco o nada de idílico.

Según Acnur, más de 292 mil inmigrantes han atravesado el mar Mediterráneo en lo que va de año. 181 mil llegaron a las costas griegas; 109 mil, a las italianas y alrededor de 2,000, a las españolas. Según la Organización Internacional para los Inmigrantes (OIM), 2,273 refugiados han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo en lo que va de año. Exhaustos y deshidratados, tras días de travesía, cientos de ellos perecen en el mar ante la mirada impasible de los responsables europeos.

Sirios, afganos, eritreos o somalíes que aparecen una y otra vez en los telediarios, en las portadas de los diarios, son hombres, mujeres y niños que huyen de guerras, de torturas, de la violencia y la represión.

Sin embargo, desembarcan en una Europa enferma. Los síntomas son tan evidentes como preocupantes: vallas, barreras de seguridad, discursos egoístas y muerte. Doce refugiados sirios perdieron la vida esta semana en las costas griegas, entre ellos tres niños, las imágenes de sus cuerpos en la orilla griega dieron la vuelta al mundo. El pasado 28 de agosto, más de 71 aparecieron asfixiados en un camión frigorífico en Hungría. Miles de inmigrantes se hacinan en Calais (Francia) para tratar de llegar a Reino Unido. En el centro de París, cientos viven a la intemperie ante la mirada impasiva de los responsables europeos.

Nuestros portavoces europeos han olvidado que el derecho al asilo es, exactamente, un derecho. Pero ya no se trata de convenios o cuestiones legales, sino de humanidad. En Siria, cerca de 250 mil civiles viven en estado de sitio. En Somalia o en Nigeria se violan, a diario, los derechos humanos más elementales.

Más vallas, más seguridad, más fronteras es su respuesta. Todo para evitar que estos hombres, mujeres y niños, movidos por la más pura desesperación, alcancen el "sueño europeo", un sueño teñido de vergüenza, ensombrecido por discursos en los que no hay cabida a la esperanza. Europa, fuente de democracia y solidaridad, prefiere cerrar sus fronteras ante la "amenaza" de una "oleada" de inmigrantes.

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Viernes 31 de julio de 2026

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