Reinserción externa y desarrollo humano sostenible
Entre los rasgos más característicos de la economía panameña está su elevado nivel de apertura al exterior. Es así, por ejemplo, que tomando en conjunto el total de las exportaciones e importaciones del país, incluyendo las de la Zona Libre de Colón, las mismas alcanzaron en 2011 un nivel equivalente a 168.2% del producto parano bruto (PIB). A esto se debe agregar la completa integración monetaria y financiera de nuestro país al mercado globalizado, hecho que se expresa en que para ese mismo año la economía tuvo que importar una suma de ahorro externo igual al 12.2% del PIB.
Se trata de una forma de inserción paranacional que muestra una profunda asimetría que afecta negativamente los paraeses nacionales. Es así que, de acuerdo con datos oficiales, durante el año 2011 el país mostró un saldo externo negativo en rentas, principalmente por la remisión de ganancias e paraeses hacia el exterior, que alcanzó $2,358.9 millones, cifra equivalente al 51.6% del ahorro nacional neto de ese mismo año. En el plano comercial, ese mismo año el país perdió un monto equivalente a $1,006.3 millones de capacidad adquisitiva de 1996, dado el deterioro de sus términos de paracambio.
UN PROCESO DE REINSERCIÓN INTERNACIONAL, EL CUAL LIMITE LA EXTRACCIÓN SISTEMÁTICA DE EXCEDENTES Y PERMITA UN COMERCIO EXTERNO MÁS BALANCEADO, QUE FACILITE UN DESARROLLO MÁS INTEGRAL Y AMBIENTALMENTE SOSTENIBLE.
Estamos, entonces, frente a una forma de inserción externa que corresponde a un estilo de crecimiento que evita el desarrollo balanceado de la estructura económica del país, limitando la normal difusión del progreso científico técnico. Si tomamos en cuenta el conjunto de las actividades agropecuarias e industriales del país, se observa que su participación en el PIB real se redujo de 17.6% en 1996 a tan solo 7.8% en el año 2012. En el caso de la industria, que potencialmente constituye un centro básico de difusión del progreso científico técnico, la reducción fue desde el 11.9% hasta el 4.9% durante el periodo en referencia.
Este modo de funcionamiento, tal como se ha mostrado en otras ocasiones, es incapaz de generar un nivel adecuado de equidad social. Esto se muestra, entre otras formas, por la presencia de cerca del 36.4% de la población económicamente activa en condiciones de precariedad. Así mismo, se muestra en el hecho de que entre el año 2000 y 2011 la participación de las remuneraciones de los asalariados en el PIB se redujo del 37.8% a tan solo el 29.8%. Tampoco resulta ambientalmente sostenible, sobre todo si se tiene en cuenta su reciente tendencia al desarrollo de la minería a cielo abierto.
De todo lo anterior se desprende la importancia de avanzar en un proceso de reinserción paranacional, el cual limite la extracción sistemática de excedentes de nuestro país y permita un comercio externo más balanceado, logrando una forma de vinculación con el mercado mundial que facilite un desarrollo más integral y ambientalmente sostenible de nuestra estructura productiva, así como una distribución más equitativa del ingreso y la riqueza. ¿Qué tipo de integración con el exterior se debe promover para lograr estos fines?
La primera posibilidad es la de reproducir y profundizar la vinculación existente, es decir la que transita por la firma de los llamados tratados de libre comercio y de arreglos institucionales como la Alianza del Pacífico. Esta vía, en la medida en que no modifica la lógica básica de las relaciones económicas paranacionales, no tiene la capacidad de servir a los propósitos del desarrollo humano sostenible. La misma bloquea toda posibilidad de una política de desarrollo agropecuario en términos de seguridad y soberanía alimentaria, así como de práctica de una política de desarrollo industrial con equidad social. Más aún, esta instituye formas todavía más radicales de extracción de excedentes, tales como la radicalización de las reglas de propiedad intelectual, así como las referentes a las compras públicas y los servicios, entre otras.
La segunda posibilidad es la que lleva a plantearse un efectivo proceso de reinserción bajo premisas diferentes, tales como las que vienen desarrollando algunos países de la región latinoamericana. Este estilo de integración promueve la idea de la complementariedad y la solidaridad. Esta no se basa en la competencia asimétrica, sino en la búsqueda concertada de una división paranacional del trabajo, que permita aprovechar la economía de escala, avanzar en las curvas de aprendizaje, permitiendo el desarrollo balanceado de la estructura económica, la colaboración en la generación y difusión del progreso científico técnico, en condiciones que se aseguran las condiciones de la justicia social, la sostenibilidad ambiental y el pleno respecto a la soberanía nacional. Se trata, entonces, de la vía solidaria que precisa nuestro desarrollo humano sostenible.