default

Reiterando consejos episcopales


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / Sacerdote jesuita.

El documento episcopal le recuerda al panameño de hoy, sea activo político, sea servidor público o de la empresa privada, a los profesionales de los medios de comunicación social, o sea un ciudadano no alienado por ningún fanatismo, que cuando vayan a actuar no lo hagan ciegamente llevados del impulso del momento, sino que actúen siempre con la conciencia recta. Oigamos bien: con conciencia recta.

Ahora bien, nos preguntamos ¿cuántos somos los que pensamos que tenemos conciencia? Esto lo decimos sin pensar qué clase de credo religioso decimos que profesamos. Si somos de los que antes de actuar en público o en privado consultamos a nuestra conciencia, sabemos acaso que tenemos que formar la conciencia. Porque existe la conciencia recta, la del que actúa de acuerdo con los principios morales fundamentales, que nos hemos esforzado en conocer y consecuentemente actuamos de acuerdo con nuestra conciencia. Por eso se habla de formarse la conciencia para no andar diciendo que no tiene falta, pues yo no le hago mal a nadie, yo no le robo a nadie ni he matado a nadie, como si solo existieran esos tres preceptos.

Y se complica más el asunto cuando nos preguntamos qué entiende esa tal persona de lo que es robar, no hacer mal a otros. La visión que nos da el documento es objetiva.

“Constatamos los progresos económicos de nuestro país, reflejados en las buenas calificaciones que nos dan los agentes externos, en las mejoras del transporte y otras obras urbanas, aunque de momento tengamos que sufrir algunas incomodidades, es el crecimiento económico anual, en el aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno.

No deja de preocuparnos que continúe aumentando el costo de la canasta básica, que el nivel de pobreza se mantenga en torno al 30%, que el sector productivo rural y campesino carezca de las ayudas necesarias para mejorar la calidad y la competitividad, que la justicia siga siendo selectiva, que la violencia sea la protagonista especialmente en el ámbito familiar.

También nos preocupa el alto nivel de sospecha, agresividad e intolerancia que parece haberse adueñado de las relaciones entre los panameños, especialmente en el ambiente político, produciendo espectáculos tan bochornosos como los que vivimos en la Asamblea de diputados, que debiera ser recinto del diálogo y de la elaboración de las leyes justas.

Sin duda, no ayuda mucho la falta de un diálogo sincero y abierto que facilite el intercambio y la acogida de opiniones y experiencias de los otros, como tampoco ayuda la toma de decisiones apresuradas e inconsultas

Sacerdote jesuita.