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Relación de la educación y el trabajo

Por: Redacción 12/08/2013

Paulino Romero C. / Pedagogo, escritor, diplomático (opinion@epasa.com) / -

En el Seminario sobre Planeamiento Integral de la Educación, realizado en Washington, en 1958, se dio el siguiente concepto sobre educación técnica: “El término educación técnica, en su sentido más amplio, incluye todas aquellas actividades de índole educativa en el nivel medio, destinadas a capacitar al individuo para entrar, progresar y perfeccionarse en una profesión, arte, oficio u ocupación que le permita participar inteligentemente en la vida, satisfacer con dignidad sus necesidades económicas y contribuir al progreso de la sociedad”.

Es verdad que toda educación contribuye a alcanzar estas finalidades de la educación técnica. Sin embargo, por razones de orden administrativo y para determinar las características que la distinguen, es necesario establecer un criterio que señale las diferencias que hay entre la educación general (académica) y la educación técnica.

Si nos actualizamos nuevamente la difusión de modelos de educación, formación profesional y el trabajo, hemos de constatar que las relaciones entre educación y trabajo reciben cada vez mayor atención ante la extensión del fenómeno del desempleo (paro laboral) en el mundo y dada la gravedad de la crisis económica generalizada, que es su causa principal. Si bien es cierto que son muy estrechas y complejas esas relaciones, no menos cierto es también que no es posible subordinar totalmente una política educativa respecto a una política laboral, puesto que existen otros muy elevados fines culturales de la educación. Probablemente una primera y esencial manera de establecer una relación positiva, es asegurar una igualdad de oportunidades de educación junto con la máxima calidad, tratando de que cada individuo alcance el más alto nivel de formación general que su capacidad intelectual le permita.

La concepción del pensamiento moderno reconoce además que una educación apropiada, adquirida con rigor y esfuerzo, es en sí misma, una modalidad del trabajo al servicio de la sociedad. Si consideramos el problema planteado desde otra perspectiva, la educación general ofrece la base necesaria para una adecuada profesionalización, cuyas competencias y habilidades básicas se adquieren bien sea gracias a la formación profesional, las enseñanzas técnicas de grado medio, o los estudios profesionales universitarios y las especializaciones de posgrado. En este aspecto cabe destacar también el papel de las enseñanzas de pretecnología y de los trabajos prácticos, de aplicación de los conocimientos teóricos, que conviene entrelazar con la formación general como parte de toda educación integral. No obstante, la etapa decisoria de toda profesionalización es el propio puesto de trabajo, y de ahí que se reconozca también cada vez más que el trabajo es en buena parte una modalidad de la educación.

Si tomamos en cuenta las actuales cifras de desempleo, no solo en Panamá, sino en todo el mundo (paro, búsqueda de un primer empleo y subempleo profundo), que se aproximan a cientos de millones, notaremos que plantean un grave desafío y han abierto el debate entre la opción de formación especializada y otra de formación más general. Por otra parte, la irrupción masiva de nuevas tecnologías y en particular de la microelectrónica, muestra la oportunidad creciente para el trabajo intelectual junto con el ejercicio de destrezas manuales, muy concretas y cambiantes, mientras se saturan gran parte de las actividades profesionales tradicionales. En estas circunstancias, el empleo remunerado se hace, cada vez más, un bien escaso sobre el que se empieza a ejercer una justicia distributiva de carácter social (en algunos países), reduciendo los horarios, extendiendo los años de estudio y las vacaciones, anticipando la edad de jubilación y promoviendo ocupaciones de servicio a la comunidad.

Resumiendo, frente a toda esta cruda realidad que plantea el problema de la “relación educación y trabajo”, cobra sin duda, singular importancia reconquistar el espíritu innovador y la creatividad en los estudios con preparación para el trabajo, motivando el desarrollo de la capacidad de iniciativa individual como fuente creadora de riqueza, procurando que la vocación de cada vez un mayor número de personas se oriente a la creación de puestos de trabajo realmente productivos.

En este contexto también es fundamental la revisión de los contenidos de la enseñanza que analicen los problemas y las soluciones alternativas, además de propiciar el aprendizaje permanente.

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Viernes 14 de agosto de 2026