Relaciones tóxicas
Las relaciones tóxicas nos hacen mucho daño; sin embargo, no nos resulta fácil identificar este tipo de relaciones, bien sea por falta de habilidad, porque el daño es muy paulatino y está muy bien disfrazado o porque la relación que nos perjudica tanto también nos aporta otras cosas a las que no estamos dispuestos a renunciar. Una relación tóxica nos hace mal, nos impide avanzar, manipula todo aquello que nos reconforta de nuestra existencia, destruye aquello que somos, no nos da "permiso" para pensar ni actuar como queremos. Estas relaciones se pueden crear entre parejas, familiares, amigos, colegas, conocidos y pare de contar.
Debemos estar atentos de cuidarnos y evitar las relaciones en las que una sola persona está a cargo o decide. Quiere siempre tener el control, no escucha las opiniones ajenas. Esa persona es la única que crece, mientras que la otra cada vez se hunde más.
En segundo término, las relaciones que cumplen la función de "llenar" o "completar" un vacío existente. El tercer tipo son las relaciones codependientes, es decir, cuando ambos integrantes dependen del otro para ser felices.
Otro tipo de relación tóxica que hay que evitar es la que está basada en mentiras continuas, en las que nunca se sabe qué es cierto y qué no. Hay diferentes razones para enredarnos en relaciones tóxicas, las más usuales son: La baja autoestima. El creernos salvadores: fantasear con la idea de que nosotros podemos cambiar a esa persona. Estar acompañado a cualquier precio: el miedo a la soledad nos hace tolerar literalmente cualquier cosa, con tal de no estar solos.
¿Cómo salir de una relación tóxica?
Lo primero que debemos tener en cuenta es que el amor tiene límites. El respeto y amor a uno mismo debe estar siempre por encima de todo en cualquier relación. Esta es la clave, una buena valoración de uno mismo permitirá establecer relaciones saludables a nivel emocional. En función de cómo yo me valore construiré mi relación con los demás.
Debemos tener presente que nada nos ata a nadie. Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie. La decisión de ser libres nos corresponde a nosotros mismos, decidiendo con quién queremos y con quién no queremos estar.
Es importante aclarar que la libertad implica independencia, pero no indiferencia; se trata de una manera sana de relacionarse con los demás, tomando aquellas decisiones que sean más acordes con nuestro bienestar. También debemos tener en cuenta que la base de una relación es la comunicación. Si no podemos contarle a la otra persona lo que nos disgusta o nos hace sentir mal, no podemos mantener una relación sana. Esta comunicación debe ser siempre asertiva, respetando al otro, pero también a uno mismo, defendiendo nuestros gustos y opiniones.
En una relación saludable, ambas partes se enriquecen y crecen juntas, desde la libertad y la independencia. Por tanto, la clave para salir de una relación tóxica son la autoestima y la autoconfianza; es decir: no olvidarse de uno mismo. El primer paso del proceso es romper con la falsa seguridad que nos hace sentir la relación, sin tener miedo al cambio.
Y recuerda: las relaciones sanas se construyen a partir de la libertad de cada una de las partes. Si sientes que tus emociones y sentimientos dependen de lo que haga o diga la otra persona, no es libertad, no es amor. Salir de una relación tóxica es algo que está en tus manos.
Estudiante de Psicología