Remedio peor que la enfermedad
“Cuidado con lo que deseas, que te podría ser concedido”, advierten los chinos y su milenaria cultura. Por algo será.
Referirnos al Alcalde y su desempeño en la Alcaldía Mayor de la Ciudad de Panamá, es llover sobre mojado. Más ahora que el señor Presidente y su Vicepresidente han manifestado públicamente desagrado y hastío con su administración. De lograrse el objetivo “destino manifiesto”, o sea la separación del Alcalde a través de una condicionada y disfrazada renuncia; debiera preocuparnos la posibilidad de que el remedio a la enfermedad sea peor que la misma enfermedad.
Me explico. Se rumora con fuerza que al señor alcalde se le está ofreciendo una embajada como permuta, que no es otra cosa que el contrato mediante el cual cada uno de los contratantes se obliga a dar el derecho de propiedad (dominio) de una cosa para recibir el derecho de propiedad (dominio) de otra.
Mucho cuidado. Diplomacia según varios autores es a lo menos: “El manejo profesional de las relaciones entre soberanos; sentido común y comprensión aplicados a las relaciones internacionales por medio de la inteligencia y el tacto”. Que nuestro Alcalde cuente o no con tales atributos, es a lo menos materia de discusión. En su defensa, he de decir que salvo algunas excepciones, nuestro cuerpo diplomático no se ha distinguido por poseerlas. El menor de los riesgos ante semejante decisión es que la nación receptora rompa relaciones con nuestro país. Lo más grave sería que nos declararen la guerra. De manera directa, nuestro país únicamente ha vivido dos guerras, la de Coto en 1921, que por cierto ganamos, y la invasión de 1989.
Gracias a Dios, los países receptores tienen la potestad del beneplácito. Si bien los gobiernos tienen el derecho de nombrar a sus representantes diplomáticos, este es un derecho relativo, ya que su efectividad está sujeta a la aceptación del gobierno ante el cual se envía el agente diplomático. Esta costumbre ha sido convertida en norma de derecho positivo interamericano e internacional al establecer el Artículo 8 de la Convención sobre Funcionarios Diplomáticos, suscrita en La Habana en 1928, que: “Ningún Estado podrá acreditar sus funcionarios diplomáticos ante los demás Estados, sin previo arreglo con éstos”. La Convención de Viena lo ratificó. “En política hay que sanar los males, jamás vengarlos”, Napoleón Bonaparte.
*Administrador de Empresa, Profesor Universitario.
