Reminiscencia histórica del Canal de Panamá
Durante el año (2014), los panameños asistimos a dos fechas importantes: la conmemoración del Centenario del Canal (15/8/14), en grata contemplación del proceso de desarrollo de su “ampliación” para un mejor servicio al comercio y la navegación mundial; celebramos también el 111 aniversario de la fundación de la República.
Por ello, creemos oportuno hacer algunas reminiscencias históricas sobre nuestra importante vía interoceánica, como apoyo eminentemente docente. Todo con el propósito de ofrecer modestamente algunas informaciones veraces que permitan a la población tener suficiente elementos de juicio para una toma de conciencia de responsabilidad ciudadana ante uno de los más grandes desafíos nacionales del acontecer republicano: el futuro del Canal, mediante la construcción de un tercer juego de esclusas.
LA AMPLIACIÓN DEL CANAL ES HOY MATERIA EXCLUSIVA DE TODOS LOS PANAMEÑOS... POR ESO EL DEBATE SOBRE TAN IMPORTANTE PROYECTO NACIONAL, TODAVÍA VIGENTE, MERECE DE PARTE DE TODOS, ESTUDIO SERENO Y REFLEXIÓN MEDITADA PARA LLEGAR A CONCLUSIONES RAZONADAS, DESAPASIONADAS Y PATRIÓTICAS QUE FAVOREZCAN EN TODO MOMENTO EL “BIEN COMÚN”.
Si todas las actividades nacionales tienden hacia un mismo fin, cual es el desarrollo integral de sus componentes para beneficio común de todos, no habrá conflictos nacionales. Pero para lograr ese ideal se necesitan los grandes apóstoles, se necesita la integración espiritual de Panamá, de Panamá toda, esa que sí tiene como romanticismo el querer todos los valores absolutos y que tiene como necesidad el hacer las cosas materiales. Ese Panamá que también ha producido tantos hombres y mujeres de videncia, de sacrificio, de energía incansable, que tenemos aún dignísimos representantes de pensamiento y de acción, ese Panamá es la única garantía así integrada de que el Canal de Panamá, hoy bajo nuestra exclusiva administración como corresponde, sirve para los propósitos que nuestro escudo aún tiene como lema: ¡Pro mundi beneficio, pero también y sobre todo, para beneficio de Panamá!
En noviembre de 1903, pocos días después de la separación de Panamá de Colombia, se firmó el controversial Tratado Hay-Bunau Varilla. No obstante, después de la ratificación de dicho tratado, con todas sus incomprensiones, precipitaciones e injusticias, seguimos varios años de lucha, de sacrificio, de extorsión de nuestra República inerme, hasta que llegamos por fin a la buena vecindad del presidente Franklin Delano Roosevelt. Mejora entonces la situación con el Tratado Arias-Roosevelt de 1936, no esencialmente en lo económico, pero sí en lo que pudiéramos considerar definitivo para el fortalecimiento de la nacionalidad, la dignidad, el decoro, la independencia y la soberanía de Panamá.
Más adelante, con la firma del Tratado Remón-Eisenhower de 1955, se alcanzarían muchas ventajas y se darían unos cuantos pasos adelante desde el punto de vista económico. Panamá deberá siempre rendir homenaje al negociador del tratado de 1936 porque ese tratado restableció en buena parte la justicia que se echaba de menos en el Tratado Hay-Bunau Varilla. No obstante, Panamá continuó en posesión jurídicamente indiscutible para seguir librando su persistente batalla reivindicadora y mejorar su situación. El pueblo panameño, vigilante, ansioso de liberarse, por su evolución hacia el progreso, en pugna con el coloniaje, obligó a los Estados Unidos de América, mediante la diplomacia inteligente, digna y tenaz, ya no a una revisión ni modificación, sino a pactar un nuevo tratado.
Esto se logró, finalmente, con la aprobación de los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Desde el 31 de diciembre de 1999, fecha histórica que informa sobre la transferencia del Canal a Panamá, tomamos las riendas de la administración absoluta de nuestra vía interoceánica, y estamos demostrado al mundo que hemos madurado como nación, y que contamos con el recurso humano técnico, profesional y científicamente preparado para cumplir responsablemente la tarea que nos impone el mejor manejo y funcionamiento del Canal, ya que somos felizmente, desde hace 14 años, los únicos garantes de su efectividad como servicio mundial.
La ampliación del Canal es hoy materia exclusiva de todos los panameños –de gobernantes y gobernados– porque ya no tiene injerencia alguna ningún otro país extranjero. El asunto ahora es exclusivamente nuestro, ¡de índole soberana! Por eso el debate sobre tan importante proyecto nacional, todavía vigente, merece de parte de todos, estudio sereno y reflexión meditada para llegar a conclusiones razonadas, desapasionadas y patrióticas que favorezcan en todo momento el “bien común”.
Vale decir que los beneficios económicos, sociales y culturales que puedan derivarse de la obra una vez terminada, sean regidos y administrados con justicia, igualdad y equidad.