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Reminiscencias del gran Libertador de América

Por: Redacción 14/12/2015

El próximo jueves, 17 de diciembre de 2015, conmemoramos el 185 aniversario de la muerte del Libertador Simón Bolívar. Motivo por el cual, como acostumbramos hacerlo desde hace muchísimos años, evocamos algunas reminiscencias de la vida y obra del más grande revolucionario que haya producido el Continente Americano jamás: Simón Bolívar. Era un hombre cuyo temperamento encontraba desahogo en la actividad constante. Cuando no estaba peleando, concebía planes; cuando no hacía planes, dictaba, y cuando no dictaba, leía: libros, periódicos, informes, cartas.

Bolívar había nacido para guerrear en Sudamérica, donde la voluntad del hombre tenía que triunfar sobre el tiempo y el espacio. Era muy hábil en el manejo de las armas y un excelente jinete. Al levantarse por la mañana (y era muy madrugador) inspeccionaba sus establos. Donde quiera que estuviese, en el campo o la ciudad, cabalgaba varias veces al día. Bolívar tipificaba como guerrero lo que los españoles llaman hombría y que equivale a la virtud de Maquiavelo. Se ganó un lugar en el Ejército a causa de su autoridad vital.

...FUE UNO DE LOS PRIMEROS EN PROCLAMAR EL IDEAL DE UNA COMUNIDAD DE NACIONES. EN GINEBRA, LOS DELEGADOS A LA CONFERENCIA RECONOCIERON QUE EL LIBERTADOR DE SUDAMÉRICA NO PODÍA SEGUIR SIENDO CONSIDERADO SOLO COMO PERSONALIDAD AMERICANA; SE HABÍA CONVERTIDO EN UNA FIGURA UNIVERSAL, EN UNO DE LOS FUNDADORES DE NUESTRO MUNDO.

La revolución sudamericana no fue al principio un movimiento ideológico, como lo fueron la inglesa, la norteamericana o la francesa. Pero dio origen a un fenómeno humano que todavía hoy, en alguna medida, determina la vida de los pueblos latinoamericanos. Este fenómeno humano es el caudillo: un líder de masas, un soldado y un político al mismo tiempo, elevado a su posición por la voluntad de su pueblo, pero que guía y domina esa voluntad. Bolívar era más que un caudillo: era una figura continental. Pero para llegar a serlo, no pudo pasar por alto la etapa del caudillo.

Bolívar pensaba en continentes; y aunque por cronología externa pertenece al siglo XIX, por cronología interna es ciudadano del siglo XX. La combinación de democracia y autoridad, la formación de enormes bloques regionales, la idea de una Liga de Naciones libres: todos estos son conceptos de nuestros tiempos. ¿Es sorprendente entonces que la comprensión clara de su asombrosa previsión llegase tan tarde?

Un siglo después de su muerte el mundo comenzó a comprender que había sido el campeón de la cooperación y de la solidaridad panamericana.

El principio de una Liga de Naciones, que ha ejercido su influencia en el pensamiento político del mundo desde 1918, es una confirmación del internacionalismo de Bolívar. Esta institución, imperfecta aún como lo era en 1919, representa no obstante un ideal esencial para el bienestar de la humanidad, si concedemos que el hombre mantiene todavía el deseo de sobrevivir.

Bolívar fue uno de los primeros en proclamar el ideal de una comunidad de naciones. En Ginebra, los delegados a la conferencia reconocieron que el Libertador de Sudamérica no podía seguir siendo considerado solo como personalidad americana; se había convertido en una figura universal, en uno de los fundadores de nuestro mundo.

La crítica moderna formulará probablemente una objeción a la política de Bolívar: su ceguera ante los factores económicos de la vida. Es cierto que su comprensión de la economía fue muy limitada, comparte esta ceguera con la mayoría de hombres de su época.

El destino de Bolívar puede parangonarse con el de todos los grandes hombres de la historia que ayudaron a progresar a la humanidad: hombres que tuvieron un profundo e inmanente conocimiento de las ansiedades de sus prójimos y supieron expresar en palabras y en acciones las necesidades silenciosas de las masas. Cuando mayor sea la conciencia que de su misión adquiera el siglo XXI, tanto más considerará a Bolívar como uno de los fundadores de su destino. El mundo es uno, y la libertad de América es todavía, como dijo el propio Bolívar en Junín, su esperanza y su salvación.

Concluimos estas breves reminiscencias de la vida de Simón Bolívar con las palabras de un documento poco conocido, que bien merece formar parte de su testamento político: "No he logrado otro bien que la independencia. Esa fue mi misión. Las naciones que he fundado, luego de prolongada y amarga agonía, sufrirán un eclipse, pero después surgirán como estados de una gran república: América".

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Lunes 27 de julio de 2026