René Orillac, hombre de bien
René Orillac, quien fue presidente del Partido Popular (PP), conocido antes como Partido Demócrata Cristiano, murió repentinamente el pasado sábado 18 a los 77 años de edad.
Desde diciembre de 1989 hasta abril de 1991, tiempo que duró la participación de su partido en el gobierno, fue un ejemplo de trabajo, mesura y promoción de obras, a pesar de la falta de recursos con se enfrentó al asumir la responsabilidad ministerial de Obras Públicas inmediatamente después de la caída de la dictadura, pero la superó, en la medida de lo posible, gracias a la intensa cooperación que él emprendió entre el ministerio y las comunidades locales.
En ese entonces por primera vez sintió la necesidad de someterse a un examen médico y como resultado los facultativos en Houston, donde vivía su hijo mayor, le recomendaron no regresar a Panamá sin antes hacerse de inmediato una operación de cirugía vascular a corazón abierto. Cualquiera otro hombre hubiera preferido retirarse de sus responsabilidades de gobierno, pero él quiso regresar para hacer frente a su tarea como ministro, dando un ejemplo especial de eficacia, honradez y eficiencia.
Cuando el jefe del Ejecutivo, necesitado de más puestos para nombrar copartidarios suyos que podían elegirlo o no como presidente de su recientemente reinscrito partido decidió sacarnos de la Alianza de gobierno, René aceptó su retirada por disciplina de partido y salió con tranquilidad de espíritu, dando así una lección de democracia práctica a pesar de las falsas razones que ofreció el primero como presunta explicación que afectaban y ofendían a todo el Partido Demócrata Cristiano del que él era uno de los dirigentes.
Más recientemente el PP vivió momentos difíciles. La alianza con sus anteriores adversarios políticos no dio los resultados que se esperaban: un gobierno plenamente honrado y con sentido social agudo y efectivo. Como consecuencia se vislumbraba la elección de 2009 con aprehensión. En esas circunstancias los miembros del partido buscaron a René Orillac como la persona que podía inspirar la unidad y lograr la aceptación que nos permitiera una nueva etapa de renovación política. René apostó a que el Partido perdurara en virtud del voto de los sectores de los candidatos a Representantes de Corregimiento y fue así como se logró la cuota necesaria para subsistir. Si no hubiese sido por esta visión no habríamos tenido el éxito obtenido a pesar de todo.
Al término de su periodo presidencial en el PP él nos comunicó que no aspiraría la reelección y sonriendo agregó que a su edad tenía derecho a que no se contara más con su experiencia ejecutiva, pero sí con su diligencia como miembro activo. Actualmente estaba encargado de la organización del Congreso Ideológico que ha de celebrarse en Panamá en el mes de mayo del 2011.
Hace dos semanas Teresita y yo viajamos a Santiago de Veraguas, donde la nueva generación del PP quería expresarle a René su reconocimiento y simpatía por todo lo que él representaba para el colectivo y para el país: hombre bueno, es decir un ser humano cabal que había asumido su vida familiar, profesional y política con plena responsabilidad y autenticidad, que tuvo la conciencia moral como guía de su vida y ejemplo para los demás; hombre de bien, que fue una persona para quien el bien común no consistió en una idea abstracta sino en un compromiso que nos propone criterios y le otorga dirección a nuestras vidas.
En virtud de estas consideraciones el PP en su nota de duelo más que lamentar la muerte de un dirigente, la cual lamentamos enormemente, da gracias a Dios por habernos permitido compartir sus logros y su ejemplo singular, tan necesarios hoy más que nunca.
