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Renuncia papal


REDACCION / PANAMA AMERICA

Cuando el teólogo alemán Joseph Ratzinger fue elegido sumo pontífice algunos pensaron que no tenía condiciones para asumir los desafíos de la evangelización en un mundo plagado de materialismo, conflictos interreligiosos, aberraciones sexuales.

Tras el ejercicio de su trascendente misión durante ocho agobiantes años, son pocos los que dudan en valorar en grado superlativo la energía física, la lucidez intelectual y la integridad moral que lega a la humanidad el papa Benedicto XVI.

Fueron ocho años de duro trabajo en los que afrontó con sinceridad y realismo obstáculo tras obstáculo dentro y fuera de la Iglesia, viajando por todos los continentes, conciliando humildemente con judíos y musulmanes, llevando mensajes de tolerancia ideológica, inclusive a regímenes comunistas.

A los 85 años de edad, su salud pareció de hierro, hasta que el equipo de médicos del Vaticano le hizo saber que el marcapaso que atenúa los ritmos de su fatigado corazón, desde hace cuatro años, le imponía un límite inaplazable a su dinámico bregar por todo el mundo.

Quizás es temprano para medir serenamente los resultados del pontificado de Benedicto XVI. Solo conocemos algunos signos externos de las dimensiones del reto que encaró para despejar la imagen de la Iglesia que heredó en el año 2005.

Encontró que se estaba barriendo debajo de la alfombra para esconder la profunda crisis institucional desencadenada por anticristianos y abusos contra natura, además de prácticas financieras y administrativas repudiables. Desestimó esta clase de encubrimiento y dispuso que las acusaciones de delitos sexuales contra miembros descarriados de la clerecía, que antes se ocultaban, fueran esclarecidas y sancionadas por la vía judicial ordinaria.

Pidió perdón por las desavenencias y hostilidades del pasado contra otras religiones y no vaciló en orar ante el Muro de las Lamentaciones y en la mezquita azul de una ciudad turca. Aplicó el rigor de la ley canónica contra el mayordomo que llegó a gozar de su confianza para filtrar documentos confidenciales de la correspondencia pontificia.

Fortaleció los valores de la fe y la caridad en tres encíclicas. Moderó con discreción diplomática la superabundancia tercermundista de los que pensaron que la Iglesia posconciliar podía admitir subversivos con sotana, y sacerdotes que, sin autorización pontificia, aceptaran nombramientos políticos.

Su renuncia es una muestra del amor que profesa por su Iglesia y por sus feligreses. El ejemplo que Benedicto XVI deja en el mundo debe ser valorado en su justa dimensión por los dirigentes políticos y económicos que no saben o no quieren decir adiós a tiempo.

El presidente de la República, Ricardo Martinelli, la Cancillería y el Arzobispado panameños han rendido homenaje al santo padre por la trascendente tarea realizada, sin parar mientes en su avanzada edad, expresándole los mejores deseos del pueblo panameño en la nueva etapa de su trayectoria eclesiástica, dedicado a la meditación en un monasterio de clausura.

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Viernes 14 de agosto de 2026