‘Res non verba’
El pueblo panameño quiere ver cosas distintas. Que los políticos escapen de sus propias ataduras y esquemas convencionales que solo han traído malquerencias populares y empiecen a predicar con el ejemplo. Los romanos lo concentraban todo en una expresión: Res non verba, esto es, “Hechos, no palabras”. De eso se trata.
Siempre he considerado que no se trata de obtener el solio presidencial o enquistar a un partido o alianza de partidos en el gobierno. El ejercicio del poder político traduce cosas que van más allá de la mera obtención del poder político. No se trata de haber llegado, sino de mantenerse, justa y equilibradamente, en la conciencia popular como un gobierno de aceptación.
Para el pueblo panameño, un gobierno de aceptación entraña, a su vez, una obligada lectura de su canasta básica, de su sistema de salud y de su estabilidad económica y laboral.
De estos temas he escrito tanto, que creo que ya somos hasta repetitivos; sin embargo, hablar de hambre y de comida es cuestión que toca hacerlo todos los días, cuánto más quien no come ni bebe ni trabaja, no porque esté a dieta o no quiera, sino porque se hace casi imposible comprar los productos alimenticios de primera necesidad y las puertas de los empleos se abren, ahora como nota típica, con la competencia de una mano de obra extranjera que busca acomodo y bienestar en nuestro suelo y que, al parecer, casi sin condiciones, es preferida sobre la mano de obra nacional.
En lo que atañe a la educación, increíble, pero llevo, y habrá quienes me ganarán en años, más de treinta escuchando la misma cantaleta de los problemas de la enseñanza. Deficiencias en la formación académica del estudiante, deficiencias en el docente, escuelas parapetos, malas estructuras, fraudes en licitaciones, etc. Pero quede claro, al parecer, en este tema aún no despegamos.
Si hablamos de salud, un exministro de ese ramo me comentaba que, en nuestro medio, el sistema de la vida potable ha colapsado. Deprimente noticia. Pero lo vemos a diario. Es pan de todos los días. Medicamentos cuyos costos están por las nubles, farmacias especuladoras, no pocos médicos matasanos, hospitales en estado crítico, etc. El Seguro Social metido en escándalos que van desde licitaciones hasta conflictos internos y desaliento de sus funcionarios.
El tema concerniente a la estabilidad económica y laboral presenta serias contradicciones. Aún sigue escuchándose que en Panamá los pobres son cada día más pobres y los ricos más ricos. La gente humilde no comprende cómo es esto de prosperidad y desarrollo económico. Sus portaviandas están raquíticas de nutrición. Ven la buena comida –carne, pollo, pescado, leche, pan, azúcar, sal, etc.– alejarse como gaviotas que nunca volverán.
NUESTRO PUEBLO QUIERE CREER, QUIERE CONFIAR, PERO SIEMPRE LO DECEPCIONAN. EN MATERIA POLÍTICA, CABE ANALIZAR QUÉ ES LO QUE DEBE ESPERAR EL PUEBLO PANAMEÑO DEL NUEVO GOBIERNO. RESPUESTAS DESTINADAS AL ESTÓMAGO, AL BIENESTAR Y A LA CALIDAD DE VIDA.
Tampoco pueden entender por qué las casas, los apartamentos, son tan costosos, los precios por las nubes. Tan así que ya nadie se quiere casar, no por falta de deseo de constituir un hogar, sino por las penurias que verían atravesar por los reveses económicos y cuantos gastos acarrea mantener un hogar: luz, agua, teléfono, comida, muebles, pintura, aseo, doméstica, etc.
Nuestro pueblo quiere creer, quiere confiar, pero siempre lo decepcionan. Terminan contando en las tertulias dadas en los parques y barberías populares sus descontentos y compartiendo, a veces hasta de modo jocoso, con sus interlocutores, el propio pueblo, los traumas y decepciones que atraviesa.
Por ello, en materia política, cabe analizar qué es lo que debe esperar el pueblo panameño del nuevo gobierno. No quiere discursos, es enemigo del blablablá. Quiere acciones, más respuestas al pueblo. Respuestas destinadas al estómago, al bienestar y a la calidad de vida.
Pero en otro orden, el nuevo gobierno debe pensar cómo ir invirtiendo más en la calidad de la educación. “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Así reza el proverbio bíblico.
Preparar al niño de hoy para que sea el hombre recto, conocedor, responsable, del mañana. Que nuestra juventud sepa a qué retos tiene que enfrentarse y que cuando lo haga se encuentre en condiciones de batirse en duelo con cualquier circunstancia de la vida. Al fin, en esto es que consiste el valor de la educación y de la instrucción.
El nuevo gobierno, sin politiquerías, sin demagogia, es obvio que tiene otro terrible reto: superar las acciones del que está por concluir su periodo. Los primeros cien días darán cuenta de ello. Si hay o no capacidad, si existe o no voluntad. Que no se entretenga en problemas de dimes y diretes, sino que construya Patria. ¡Dios bendiga a la Patria y al nuevo presidente!