Rescate del IN
No queda otra salida pedagógica que la recuperación del Instituto Nacional (IN) ante las imágenes bochornosas del vandalismo estudiantil interno y externo. Fue un centro de enseñanza creado para formar los líderes panameños del pensamiento y la acción. Ahora se exhibe como refugio de un puñado de delincuentes juveniles. Ciertamente la mayoría de los estudiantes no merece duros calificativos porque guardan un comportamiento ejemplar y se concentran en aprender las lecciones de los libros y de la vida respetuosa del derecho ajeno. Sin embargo, la contumaz inconducta de los que salen a las calles aledañas a lanzar piedras a diestra y siniestra contra vehículos y personas son hechos incongruentes que laceran su prestigio. Con resignación y paciencia, el Ministerio de Educación (Meduca) se niega a clausurarlo para no perjudicar a los estudiantes ajenos a las convulsiones de la violencia. Pero, sin alterar la mesura, el Meduca puede asumir el deber ineludible de la reestructuración de las deleznables bases del relajamiento disciplinario y del decaimiento académico. Puede convocarse a los exalumnos interesados en el resurgimiento de la escuela, padres de familia, instituciones cívicas, empresas públicas y privadas para que vuelva a constituirse en la reserva del liderazgo panameño. De las reflexiones del cónclave convocado por el Meduca podría producirse el rescate de la noble institución republicana. Es bueno que los exalumnos desaprueben incursiones policiales en el colegio, pero no es bueno que no participen en la discusión de las reformas que tiendan a la recuperación de la prestancia académica. Es imprudente confundir anarquía con rebeldía cívica, desorden con gallardía, iconoclasia con defensa de los valores patrios.
La Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Panamá tiene la visión de que la enseñanza panameña debe responder al desafío de contribuir a lograr elevados niveles de equidad y calidad educativa para los niños, jóvenes y adultos dentro de contextos nacionales e internacionales, producto de la revolución científica, tecnológica para atender los retos de la globalización de la economía y la valoración del conocimiento como factores decisivos en la lucha contra la pobreza y el rescate de los valores de la paz, la tolerancia, la convivencia social armónica. Si estas premisas deben ser las directrices vertebrales de la educación panameña, es inadmisible que el tema de la preocupación se reduzca a niveles simplistas de conducta de niños malcriados y adolescentes que creen que la madurez se obtiene lanzándoles piedras a los transeúntes.
Panamá requiere un moderno protagonismo educativo para salir del subdesarrollo. La búsqueda de la excelencia ética en los procesos de aprendizaje implica la revisión del modelo de formación educativa inicial para encauzar el pasaje de la educación primaria y secundaria a la educación universitaria y fomentar la investigación, la innovación, el intercambio de experiencias. Si persiste la corriente de cerrar calles y carreteras, piquetear por cualquier situación, declarar huelgas de los servicios públicos que dejan en el desamparo a los más débiles, actuaremos en contra de los auténticos intereses de la República.